Punto de Encuentro

Cateriano: La soberbia sepulta, ganó el Perú popular.

Por: Luis Yntor.

La reciente denegación del voto de confianza al gabinete de Pedro Cateriano, revela no solo la soberbia del ejecutivo, sino también la imposición de un Perú popular que en los últimos años ha crecido y que no es atendido, pero si el más afectado en esta pandemia del Covid-19.

Es evidente que el nombramiento de Pedro Cateriano en la PCM causó desazón, no solo por su pasado político, sino por su pose arrogante que ha venido mostrando. No habido nada de autocrítica, ni de disculpa, ni de rectificación,  ante la forma como se ha manejado la actual crisis sanitaria y que está dejando más de 50,000 muertos por Covid-19 y también por los hechos de corrupción en el que está envuelto el gobierno.

El equivocado nombramiento al joven ministro de trabajo, Martín Ruggiero, que sin nada de experiencia y de mucho corte racista, daba señales que al ejecutivo se llega por el amiguismo y para experimentar y no por méritos y para volcar experiencias. Tampoco se desmarcó de funcionarios comprometidos con hechos dudosos como el ministro de educación, Martín Benavides y la ministra de economía, Antonieta Alva, dando muestras negativas a un Perú informal y popular que se siente sensible y afectado por esta pandemia.

Ha dado un discurso como si hubiese ganado una elección y donde recién tomaban el mando, no se dió cuenta que solo le queda un año al Gobierno y la población desea que se termine la pandemia y se reactive la economía para generar trabajo, que muchos compatriotas han perdido. Expuso un mensaje en el Congreso de la República para un balcón que no existe , pues nos guste o no, los asientos congresales hoy son representados, por un Perú popular, por ese país informal, que ha perdido millones de puestos de trabajo y que están subsistiendo del retiro de su CTS, que llora porque nunca le llegó el bono gubernamental o ya se le terminó; y que se siente indignado,  que mientras ellos sufren calamidades, el gobierno y sus amigos se favorecen con contratos millonarios en el estado, muchos comprometidos en actos de corrupción y que se han hecho millonarios con la pandemia, usando el dolor de los peruanos para llenarse los bolsillos ilícitamente.

Este actual congreso que no es santo de mi devoción, ahora es maltratado por quienes lo promovieron, no contaron que el tiro les iba a salir por la culata. Ahora, el Ejecutivo se escuda en el supuesto chantaje universitario, para seguir engañando a la población y ese coro están repitiendo los mermeleros y adulones del gobierno y otros sanos ciudadanos ingenuos, pero se olvidan el chantaje descarado y millonario de la corrupta Odebrecht, que costó el depósito de S/524 millones para que dizque diga la verdad (que nunca dijo) y que en el fondo era para no revelar el codinome de Vizcarra.

La soberbia de Cateriano y de Vizcarra hoy le juega una mala pasada. Es la soberbia de una élite tradicional y de una élite provincial, que se unieron para cuidarse las espaldas en sus casos de corrupción y para defender sus intereses mercantilistas. Con esa soberbia que lo caracteriza, el Presidente Vizcarra afirma en un mensaje a la nación, después de la denegación del voto de confianza, un "si aceptó", como si dependiera de él, el aceptar o no la decisión del congreso, revelando su carácter dictatorial y creyendo estar por encima de las instituciones.