Punto de Encuentro

La descomposición moral de un régimen

ÁNGEL DELGADO SILVA

De pronto el país somnoliento por la angustia del coronavirus y la crisis económica, fue estentóreamente sacudido por unas conversaciones procaces e indignas, que comprometen gravemente al Presidente de la República. Adviértase que esta revelación no obedece a un chuponeo telefónico de algún servicio de inteligencia. Son grabaciones del entorno presidencial, del círculo más íntimo, de la gente de la máxima confianza de Vizcarra. Corroborada su autenticidad, como lo ha hecho la autora y el propio inquilino de Palacio, sólo queda evaluar su significado siniestro, establecer las conexiones pertinentes y fijar sus consecuencias.

Lo que con estupefacto y horror descubrimos es la operación de una banda criminal enquistada en la cúpula del Estado. Que desde el Despacho presidencial –no desde el Callao u organismo subalterno, sino desde la cumbre de la Jefatura estatal– se vienen cometiendo todo tipo de estropicios y delitos. El erario público en un botín lucrativo a repartir. Y por cierto, el tráfico de influencias, las prácticas corruptas y la invasión de fueros institucionales se extienden por todo el aparato público, incluyendo la Fiscalía, los Ministerios y las regiones.

La gravedad de los hechos no se repara con una disculpa, indudablemente cínica. Tampoco se satisface con declaraciones de inocencia (los criminales siempre se dicen inocentes), ni con la afirmación unilateral que lo escuchado carece de importancia. ¡Es hora de la investigación independiente, exhaustiva y sin temor!. Será la única manera de conocer la verdad por respeto a los peruanos. Impidamos que con subterfugios y debates pueriles, se intente camuflar los verdaderos focos de atención y permitir que los culpables queden en la impunidad.

En ese sentido, la vacancia presidencial, que obsesiona a muchos, debiera ser el colofón de estas indagaciones y jamás, la premisa o el punto de partida. Las fechorías vizcarristas recién se develan en toda su magnitud. Y ello no debiera ser zanjado por un voto que, para una grueso sector ciudadano, puede ser apresurado e inconveniente. Dejemos que el tiempo  permita que las noticias avancen, hasta que la población, aún desinformada, las conozca a cabalidad y se escandalice repudiando a los malhechores de Palacio.

Pero la prudencia política no debe sucumbir ante la ingenuidad. Hay que tomar precauciones para garantizar la investigación, de modo que no se extravíe por la interferencia de los titiriteros usurpadores del poder estatal. ¿Podemos confiar en la idoneidad de la Fiscal de la Nación, luego de saber que era digitada por Vizcarra para perseguir a sus opositores?. ¿Cómo podrá gobernar con solvencia cuando la mentira se ha instalado en el corazón del Gobierno?. ¿Habrá elecciones libres y pulcras, cuando los detentadores del poder irán a la cárcel al terminó de su mandato?. Por eso no cabe la candidez.

Lima, 15 de septiembre del 2020