Punto de Encuentro

Londres aborda en Gibraltar un petrolero iraní que se dirigía a Siria

Nueva escalada en la tensión de Occidente con el régimen de Teherán, días después de que este abandonara el pacto nuclear suscrito en 2015

Gibraltar abordó y detuvo en la madrugada de ayer un petrolero que se dirigía a Siria y que transportaba petróleo crudo. Se trata del buque «Grace1» que, según el Gobierno del Peñón, llevaba su carga a la refinería siria de Banyas, propiedad de una entidad sujeta a las sanciones de la UE contra el régimen de Damasco.

El ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo, emitió un comunicado para informar de lo ocurrido: «En las primeras horas de esta mañana, las cuerpos de seguridad y del Puerto de Gibraltar, asistidos por un destacamento de la Marina Real, abordaron un superpetrolero que transportaba petróleo crudo a Siria. Hemos detenido el buque y su carga». Según agregó, el Gobierno disponía de información que generó «motivos razonables para creer que el barco estaba infringiendo las sanciones de la Unión Europea», que prohíben la venta de petróleo al régimen de Al Assad.

La acción provocó que el Gobierno iraní convocara de inmediato al embajador británico en Teherán para expresarle su protesta, y se produce pocos días después de que las relaciones entre el régimen iraní y Occidente hayan conocido un grave deterioro. Pese al pacto nuclear para frenar el desarrollo del arma atómico -del que se ha salido EE.UU., pero no la UE-. Irán anunció esta semana que da por concluido algunas de las obligaciones que establece el acuerdo.

Gibraltar no precisó el origen del petróleo, pero según la publicación especializada en transporte marítimo Lloyd’s List, el petrolero habría cargado el crudo en Irán el pasado mes de abril, e hizo todo el perímetro de África para intentar llegar al Mediterráneo por Gibraltar, con destino a Siria.

Preguntados ayer por ABC, portavoces del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca y del Pentágono en Washington declinaron comentar la detención del petrolero iraní por parte de la Armada británica en el estrecho, aunque todo indica que fueron ellos los que alertaron a Londres. Las relaciones de España con EE.UU., sin embargo, no pasan por su mejor momento después de que en mayo el Gobierno de Pedro Sánchez decidiera retirar a la fragata española Méndez Núñez del grupo que acompaña al portaaviones norteamericano Abraham Lincoln después de que este cruzara el canal de Suez.

El episodio de la fragata, más que ningún otro, provocó insatisfacción en Washington con respecto a los socios españoles. No es sin embargoel único encontronazo reciente. No ayudó que en mayo el ministro de Exteriores y nuevo jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, criticara en un una entrevista en TVE a EE.UU. por «actuar como un cowboy» con respecto a Venezuela. Para la diplomacia norteamericana la crisis iraní y la crisis venezolana están relacionadas, por el decisivo apoyo que Rusia brinda a ambos regímenes.

Sin grandes aliados

El año pasado, tras una moratoria de tres años, el ejecutivo socialista decidió permitir que los buques de guerra rusos volvieran a repostar en Ceuta a pesar de que participan en los conflictos tanto de Siria como de Ucrania. El Gobierno de Rajoy prohibió el fondeo por petición expresa de sus socios de la OTAN. Sánchez y Borrell lo volvieron a autorizar justo cuando visita la base norteamericana en Rota el senador demócrata Tim Kaine, miembro de la comisión de Exteriores del Senado.

Ante estos traspiés, España carece de un aliado influyente en sus repetidas peticiones para que la Asamblea General de la ONU reconozca su soberanía sobre Gibraltar. El 17 de junio, el embajador español en la ONU, Agustín Santos Maraver, volvió a pedir ante el Comité de Descolonización de la ONU, que se reúne anualmente, «entablar negociaciones con el Reino Unido para poner fin a esta situación colonial, en las que se tendrán en cuenta los intereses de la población del Territorio».

(Fuente www.abc.es)