Tras escuchar la “lectura obligatoria” del último mensaje presidencial de Ollanta Humala, solo podemos hablar de un discurso que parece haber sido redactado para salvar el momento, con absoluta indiferencia frente a la desaceleración económica, la crisis social y la inseguridad ciudadana que vivimos, tres puntos claves para nuestro desarrollo que necesitan de metas y propuestas claras. Fue una oportunidad más, desperdiciada por el mandatario (creo que la última) para recuperar un poco de credibilidad y generar la expectativa de terminar su mandato cumpliendo algunos de los objetivos trazados por su gobierno.
El mensaje a la Nación que el Presidente dirige ante el Congreso no es cualquier mensaje. Es parte de las atribuciones presidenciales dispuesta en el artículo 118, inciso 7; y su contenido debe ser una “exposición detallada de la situación del país así como proponer mejoras y reformas que juzgue necesarias y convenientes”.
Sin embargo, cada vez más se pierde su verdadera finalidad en frases que parecen odas al autobombo y promesas de campaña electoral, que no contribuyen a crear conciencia ni confianza en los ciudadanos, ávidos de verdaderas mejoras y cambios. Lo que este gobierno entendió por “cambio” lo tradujo en programas asistenciales que a la fecha vienen generando una carga social y fiscal que resultarán insostenibles en el tiempo si es que no se crean incentivos que ponga a rodar nuevamente la maquinaria financiera y económica.
¿Y qué pasó Sr. Presidente con la Seguridad Ciudadana? Solo nos habló de la nueva tipificación penal, cuando sabemos que la ley no lo soluciona todo, sino miremos las estadísticas de violencia contra la mujer, que ni la pena de feminicidio los detiene, siendo éste, otro tema ausente en su discurso. No hubo ninguna propuesta sobre mecanismos efectivos que involucren compromisos intersectoriales, ni en seguridad, ni en nada.
Estamos próximos a nuevas contiendas electorales, y aún hay reformas pendientes por lo que debe haber un trabajo en conjunto del Legislativo y en especial del Ejecutivo con su pronta reglamentación, si queremos mejores candidatos y propuestas que nos permita impulsar cambios de actitud en los jóvenes, promoviendo mayor interés y participación en la vida política de nuestro país.
Si bien el Presidente obvió hablar de la situación actual de nuestra República como manda la Constitución, creo que la foto final en las Puertas de Palacio acompañado- de cuerpo, más no de espíritu- por todos sus ministros, es la radiografía exacta de su gestión: una total ausencia de liderazgo y compromiso que nos avisa lo que ya no queremos como peruanos y que depende de nosotros elegir mejor a las autoridades de nuestro gobierno. Porque, aunque no lo queramos aceptar, nosotros los pusimos y los mantuvimos ahí.