Como acota Bernard Manin: “puede que en determinados momentos y países, las diversas formas de representación política que aquí se analizan puedan coexistir y fundirse entre sí, pero, dependiendo del momento y lugar, predomina una forma u otra”.
El autor hace referencia al parlamentarismo, la democracia de Partidos políticos y lo que él denomina “democracia de audiencia”. Tratemos de delimitar a cuál de los 3 sistemas se acerca el Perú con respecto a su sistema de representación política.
En primer lugar, el sistema de representación política peruano no puede ser parlamentarista; ya que, en éste, la elección de los representantes se orienta sobre la base de confianza personal y cualidades, es decir, es un gobierno de notables que, además, responde a una modalidad de elección territorial por circunscripción distrital o comunitaria.
En segundo lugar, el sistema peruano tampoco puede considerarse como democracia de Partidos porque las condiciones actuales rechazan la posibilidad de que la ciudadanía se encuentre frente a organizaciones enraizadas con la población, lo suficiente como para cumplir su rol de transmisores de demandas y canalizadores de la voluntad popular, su debilitamiento interno y cuestionamiento generalizado en cuanto a su probidad, impiden llevar a cabo de manera eficaz y eficiente su naturaleza instrumental generadora de bienestar.
En tercer y último lugar, nuestro sistema se asemeja al explicado como “democracia de audiencia”, pues la representación política se sustenta en la individualización de los candidatos; poco importa el programa y la influencia del Partido, la relación entre gobernante y gobernados se origina en un proceso en el cual la opción electoral se personaliza en un candidato que más que por carisma y confianza, se percibe como la opción “menos perjudicial”.