La imagen que deja el video viral de la salvajada de los serenos de San Isidro, es lamentable, no sabemos si estamos frente a agentes del orden o vulgares matones. Si uno observa el min. 0.42, del vídeo cuando el motociclista y supuesto agresor está en el piso, uno de los serenos, sin la más mínima reparo le lanza el casco directamente a la cabeza. Evidentemente no tenía la intención de reducir al agresor, - porque ya estaba tendido en el suelo- su intención era golpear la cabeza del motociclista, lo que probablemente hubiese terminado en una tragedia.
Lo preocupante de estas imágenes, además del dolor del motociclista, es que estas actitudes no las pueden tener o practicar quienes, se supone, están a cargo de nuestra seguridad. La falta de profesionalismo pone en riesgo el sistema completo de seguridad ciudadana porque abre un abanico de problemas, pues además de correr el riesgo de ser también víctimas de este tipo de barbarie, está el hecho de que entre los serenos se reclute y filtre gente de mal vivir abre la posibilidad no solo de que seamos víctimas de salvajadas como estas, sino que además estos malos elementos sirvan de puentes o facilitadores (recuerden los famosos campanas) para otros delitos minando por dentro la seguridad ciudadana.
Esto es preocupante porque estamos dejando nuestra seguridad a gente ligada directa o indirectamente con la criminalidad, recordemos la batalla campal entre serenos de San Isidro y Magdalena, en el colmo de la conchudez los vecinos tuvieron que intervenir para separarlos. ¿Para eso pagamos impuestos? ¿No es suficiente con las barras bravas o delincuentes que nos acechan? Yo creo que es preferible capacitar a agentes de las FFAA en temas de orden interno que a barristas, ex pandilleros o hasta ex delincuentes.
La idea no es mala, pues no se trata de militarizar la ciudad, o sacar tanques a la calle, se trata de aprovechar a los mejores elementos y potencialidades de las instituciones ligadas a la seguridad y trabajar conjuntamente con ellas, lo hizo la ONU con los cascos azules peruanos en Haití, quienes después de ser capacitados se encargaron de misiones de paz y orden interno, cumpliendo su misión con reconocimientos. Creo que este es un ejemplo que no debe ser pasado por alto.
El tema ya está en el tapete, es evidente que la policía no se abastece, el asunto está en cómo cubrimos el déficit. No es mala la idea de aprovechar la experiencia de los cascos azules, podría ser un alivio para esta ola de violencia e inseguridad.