Durante estas dos últimas semanas, se han llevado a cabo dos sucesos importantes en la región andina: por un lado, en Bolivia, a fines de Octubre, el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) declaró legal el referéndum sobre si Evo Morales puede ser reelegido para el período 2020 – 2025 y, de igual forma, hace unos días, el Tribunal Supremo Electoral, dio por iniciada la campaña electoral para dicha consulta popular que se realizará en febrero próximo. Por otro lado, en Ecuador, hace unos días, por una resolución de su propio partido político, sucedió lo insólito: el Presidente en ejercicio, Rafael Correa, decidió no postular a una reelección en el 2017, causando sorpresa entre la ciudadanía, a pesar de sus altos índices de aprobación. Aquí surge el cuestionamiento, ¿son los altos índices de popularidad de Morales y Correa, lo más altos de América Latina, una variable determinante para tentar una reelección? Quizá, pero hay que tomar otros factores en cuenta.
En Bolivia, la construcción de esta nueva concepción de Estado Constitucional llamado “Estado Plurinacional” lleva ya casi 6 años y el liderazgo de Evo Morales es indiscutible. ¿Qué razones tiene el líder indígena para tentar un nuevo período? Primero, luego de su visita a EE.UU y Europa en busca de atraer inversiones para la economía boliviana, el Financial Times lo ha llamado “el socialista más exitoso del mundo”. Ironía o no, realmente no lo es. De los países del llamado “eje bolivariano”, Morales ha sido el más pragmático en economía.
Existe la presunción errónea que todo es “nacionalización” en Bolivia; pero la verdad es otra: la palabra clave es “renegociación”. Si, el capital privado no ha fugado de Bolivia, sino que se ha adaptado al actor con mayor supremacía: El Estado. Así es, parte de esa renegociación son mayores ingresos para el fisco y con ello, un mayor rol del Estado en la economía. Su más grande éxito: renegociación de los hidrocarburos (hay que llamarlo como es), donde YPFB es capaz ahora de invertir en proyectos en el extranjero. Increíble, pero cierto. Y sí, hay capital trasnacional como Repsol, entre otros, trabajando junto al Estado boliviano.
Ahora, existen factores domésticos a tomar en cuenta. Una oposición política totalmente fragmentada, hace que el MAS, partido de gobierno, se haya convertido en el gran monopolizador de la política boliviana. Lo que hay en Bolivia con el MAS es la construcción de un proyecto político, un plan para el país, metas y objetivos claros de lo que hay que hacer con el país andino. La oposición, en cambio, se enfrasca en luchas de liderazgo por quien puede generar el contra peso a Morales. Ahora, una cuestión importante que no puede pasar desapercibido para el ciudadano boliviano: en la Bolivia de Morales existe empresa nacional. Si, empresa estatal que produce desde lácteos hasta, dentro de poco, smarthphones a bajos precios para el mayor acceso de la población a esa tecnología. Quiéranlo o no, esa medida produce mayor dinamismo en la economía y mayor fuente de trabajo.
Ahora, Ecuador es la otra cara de la moneda. La “Revolución Ciudadana” se enfrenta ahora a uno de los temores de los países dependientes de los recursos naturales: crisis económica ante la menor demanda de los mismos. Si, Ecuador se mantiene hasta ahora dependiente del petróleo y ante la baja del precio del barril, la crisis económica llegó al país norteño. Reducción del presupuesto público para el 2016, una excesiva burocracia estatal y factores domésticos, han puesto en aprietos al gobierno de Rafael Correa.
Existen críticas hacia, quizá, uno de los problemas de Ecuador: la dolarización. Ya este régimen cambiario basado en el dólar lleva 15 años en el país; sin embargo, para algunos, esto los mantiene dependientes del mercado internacional; otros, argumentan que se puede vivir en dolarización, pero no con medidas populistas. Si bien existen propuestas de diversificar la economía hacia proyectos mineros alternativos para captar mayor inversión, quizá es una medida muy tardía. Hasta ya hay pruebas de que una delegación del FMI ya estaría en Ecuador desde hace varios meses, ante la incertidumbre económica que existe en el país norteño y negociar las deudas que mantiene el Estado.
A lo anterior, hay que sumarle el hecho de que hay un crecimiento de la oposición política liderada por Nebot, Rodas y Guillermo Lasso, que representan a esa vieja clase política ecuatoriana, que busca el retorno a las políticas neoliberales. Ahora, al efectuarse la decisión de Correa de no llevar a cabo la enmienda constitucional para tentar a una reelección el 2017, la población se muestra contrariada ante lo que viene. Encuestas reflejan que si Correa no se presenta como candidato, un 66% del país no sabe por quién votar. El trabajo será traspasar todo un capital político al candidato que vaya a representar a Alianza País el 2017. Sin embargo, Correa es muy hábil: habló que de regresaría el 2021 para postular nuevamente y claro, si es que en el 2017 llega al poder un candidato de oposición, como afirma Correa, regresarán los tiempos de inestabilidad económica y política y la misma población, pedirá el retorno de Correa al poder. Una estrategia inteligente, sin dudarlo. Los ecuatorianos temen mucho el año en que “Ecuador tuvo hasta 7 presidentes en menos de una semana”.
Bolivia y Ecuador tienen sus particularidades y de acuerdo a lo explicado, la popularidad de un presidente parece no determinar el éxito de tentar una reelección. Evo Morales tiene los insumos suficientes para un nuevo período presidencial: altas tasas de crecimiento, competitividad del Estado, oposición fragmentada y, quizá su mejor argumento: el simboliza la estabilidad política boliviana. Ahora ya se arma una campaña entre la oposición boliviana por el “No a la reelección”, pero el MAS ya es una maquinaria partidaria que ha llegado hasta bastiones de la oposición (Santa Cruz y la media luna) y los resultados de esta polarización la veremos recién en Febrero. El escenario más probable: el triunfo de Morales.
Correa tiene el escenario más complicado: reducción del crecimiento del PBI, crecimiento de la oposición (sectores urbanos), ausencia de empresas públicas y el mayor problema: el impacto de los mercados internacionales en la economía dolarizada. El presidente ecuatoriano es consciente que no va a llegar bien al 2017 y que la economía, quizá para mal, define la estabilidad de un gobierno en Ecuador. Pese a su alta popularidad entre la población, es consciente de que si envía a referéndum la consulta de una reelección y no recibe los resultados esperados, será una derrota que para la oposición será un arma muy fuerte para generar inestabilidad a su gobierno. Se vienen años de mucha incertidumbre.
Conclusión: una misma realidad (gobiernos de izquierda), diferente porvenir (Morales va, Correa, no).