Punto de Encuentro

“Renegociación” de los hidrocarburos en el Perú: ¿posibilidad o desafío?

La campaña presidencial en el Perú ha iniciado y más que enfocar el debate en propuestas concretas para lograr un mayor crecimiento macroeconómico en los próximos años, las miserias de la política peruana han salido a la luz. La clave de una mayor expansión económica está en lo que precisamente el Estado no ha tenido capacidad de administrar: recursos naturales. El debate eterno por la administración de lotes petroleros, el Gas de Camisea y mega - proyectos mineros en el país, no han llegado a buen recaudo y la inacción del Estado frente a ello, es aún una deuda pendiente con la ciudadanía. Aquí hay dos cuestiones a tratar: el rol del Estado en la economía y, la capacidad de negociación del mismo ante las empresas trasnacionales. Veamos ello, desde una mirada a una experiencia vecina en la región andina: Bolivia.

Hace unas semanas, Carlos Ugo Santander, destacado Doctor en Ciencias Sociales, abrió un debate interesante y a la vez necesario para nuestro país, teniendo como comparación al país altiplánico: ¿es pertinente una extrapolación del modelo boliviano hacia el Perú? Santander es enfático y señala dos cuestiones importantes: en primer lugar, que es una exageración tratar de replicar el rol del Estado en Bolivia hacia el modelo peruano y, en segundo lugar, pone en duda que la exportación del modelo boliviano al caso peruano pueda ser viable, así como sugiere que se puede encontrar un punto medio a la ecuación que esa comparación de realidades pueda dar. Ante estas afirmaciones, hay cuestiones a tener en cuenta:

1. La experiencia boliviana, en materia de recursos naturales,  de por sí tiene ciertos matices. Si bien el fantasma de la “nacionalización” genera temor entre los grupos empresariales peruanos, realmente esa nacionalización en Bolivia no fue tal. La clave es una sola palabra “renegociación”. La llegada de Morales el 2006 planteó un nuevo rol del Estado en la administración de los hidrocarburos y con las inversiones de las transnacionales en el país altiplánico, en vez de irse del país y perder toda su inversión, negociaron ante el Estado. Empresas como Petrobras y Repsol, aceptaron esa “renegociación de los contratos” y mantuvieron sus inversiones en Bolivia. Existe una sola lógica: el Estado logra recabar mayores impuestos y regalías y las empresas trasnacionales, ganan menos, pero continúan invirtiendo en Bolivia y manteniendo un control relativo de los hidrocarburos. No olvidar lo antes mencionado: “renegociación”.

2. Concuerdo con Santander al señalar que replicar el rol del Estado en Bolivia al caso peruano es inviable, pero tampoco imposible. El velasquismo generó un temor hacia un mayor rol del Estado en la economía y esto devino en una reducción del rol estatal a partir de las reformas neoliberales de primer y segunda generación implementadas en el Perú desde los 90’s. Si bien con el gobierno de Ollanta Humala se planteaba un retorno del Estado como actor preponderante en materia económica, el poder económico del sector privado evitó una nueva aventura “nacionalista”. Ahora, hay que entender que el Estado en Bolivia toma las iniciativas y ello viene acompañado de una correcta implementación de políticas públicas, necesarias y viables en un mediano y largo plazo. Esto trae consigo inversión pública, distribución de recursos económicos, capacidad de ahorro en tiempos de bonanza y, sobre todo, un rol fiscalizador. La idea no es que el Estado va a estar involucrado en cada esfera de la vida pública y privada, sino que su rol se torna relativo en la administración estatal. Esto no sería algo descabellado para el Perú, que de liderazgo necesita mucho. Petroperú es el más triste ejemplo.

3. Santander pone en cuestión la viabilidad de la exportación de un modelo boliviano al caso peruano. Exportar el modelo político de Bolivia de por si es imposible, ya que el Perú adolece de movimientos sociales organizados, un partido político hegemónico y un liderazgo político como el de Evo Morales. Una pena, pero ni con una Asamblea Constituyente en el Perú encontraríamos solución a problemas endémicos. Sin embargo, sobre la exportación del modelo económico no es una idea tan descabellada. Bolivia al igual que el Perú son potencias en regionales en recursos naturales; empero, Bolivia no ha aplicado un modelo económico socialista en el manejo de su economía: es un manejo pragmático y hasta ortodoxo, si queremos usar términos teóricos. Asimismo, el modelo económico boliviano no ha ahuyentado la inversión privada, ha generado mayores rentas en base a los hidrocarburos y ha creado una empresa nacional (YPFB), con capacidad de exportar e invertir en el extranjero. Si, en unos meses, el GLP producido por YPFB abastecerá el sur peruano, gracias a los acuerdos del I Gabinete Binacional Perú – Bolivia. ¿Paradoja? No, es simple ineficiencia del Estado peruano por no cubrir la demanda nacional.

4. El caso boliviano es una experiencia enriquecedora en la administración de los recursos naturales. Si bien se necesita un rol mayor del Estado y manejos macroeconómicos alineados con las demandas del mercado, en la campaña presidencial en el Perú hacia el 2016,  es necesario abrir un debate sobre este tema. Gran parte de la conflictividad social en grandes proyectos mineros y de hidrocarburos es precisamente porque la ciudadanía no siente los beneficios de la explotación de los mismos. Un liderazgo del Estado en la explotación y distribución, en conjunto con capitales trasnacionales, no es algo fuera de lugar. Es posible negociar en esta coyuntura, porque gran parte de las empresas ya tienen inversiones y el riesgo de irse del país es grande, por lo que pueden sentarse a negociar con el Estado. Ahora, aquí entra otra variable a tomar en cuenta: la confianza en el Estado liderando políticas públicas. Problemas como la corrupción, excesiva burocracia y bajos márgenes de ganancia, los tenemos todos en la empresa pública por excelencia: Petroperú. Pese a ello, hay una solución: personal altamente calificado, capacidad de desarrollo tecnológico con ayuda del capital privado y liderazgo político con un manejo eficiente del aparato burocrático. Bolivia ya lo ha hecho con YPFB, ¿por qué no Petroperú?

Tal vez, habría que quitar del imaginario de las élites económicas en el Perú la palabra “nacionalización” y usar la correcta: “renegociación”. Quizá el debate en torno a una renegociación de contratos con empresas que tienen el dominio total de los recursos naturales en nuestro país, no caiga en saco roto. La economía es una preocupación constante para la ciudadanía y la respuesta a las baja tasas de crecimiento proyectadas para los siguientes años, tal vez este a la vuelta de la esquina.

Si quieres “renegociar”, es necesario liderazgo político. Reto del próximo gobierno.

Referencias:

1. http://carlosugosantander.com/2015/10/21/evo-morales-el-crecimiento-economico-de-bolivia-y-la-propaganda/

 

 

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