En el Perú se confirma que los bajos niveles de educación que los ciudadanos alcanzan, y su mala calidad, devienen en desempleo y empleo precario, de estos surge la delincuencia. En nuestro país del total de sentenciados en cárcel el 59.8% abandonaron sus estudios escolares –sea en primaria o en secundaria–, en Lima el 43.7% de los reos declara que la principal razón de dicho abandono fue la necesidad de trabajar. Asimismo, en el 2013, a nivel nacional, el 87.3% de los que cometieron delito se encontraban trabajando y el 58.3 % percibían ingresos mensuales inferiores a los S/. 800 al momento de su detención1.
¿Por qué existen grupos de personas que tienen que vivir en entornos de miseria, cuya necesidad y desorientación los va a llevar a atacar a la sociedad?, pero la verdadera pregunta es, ¿Por qué nosotros, que somos la sociedad, toleramos la miseria en un grupo de nuestros hermanos? Entonces descubrimos la verdad, se cierra el círculo, y constatamos que la víctima es el victimario: la misma sociedad, nosotros mismos. Es la lógica del mundo, se cosecha lo que se siembra. Es cierto, la sociedad se ve vulnerada por la violencia y la inseguridad generada por la delincuencia, pero esta es la cosecha. Pues anteriormente sembramos miseria con nuestra indiferencia.
Para incrementar el empleo se deben crear incentivos para la llegada de las inversiones. Recordemos que para alcanzar niveles altos de crecimiento se requieren ratios altos de inversión con respecto al PBI, en el 2010 este ratio fue de 25.1%, tengamos presentes que estamos muy atrás en la carrera, Chile alcanzó esta cifra en 1989, la India en 1990 y China, Corea, Singapur, Tailandia y Taiwán ya la habrían conseguido en 19802.
Los problemas históricos de siempre nos siguen acompañando, solo basta con leer el “Discurso en el Politeama” (1888) de Manuel Gonzáles Prada, para descubrir que los malestares son los mismos pero con una diferencia en el grado, desde ese entonces hasta el presente sin duda hemos mejorado, pero todavía no lo suficiente, y la responsabilidad es de todos. Sin embargo, lo último que debemos hacer es lanzarnos acusaciones y desunirnos, recordemos que el imperio inca no cayó por las armas de un puñado de españoles, sino por la desunión interna que nos auto aniquiló: las luchas que se dieron entre los propios pueblos del imperio.
¿Cuándo seremos el país que deseamos ser? Será el día en que venzamos nuestros miedos y vicios, cuando seamos conscientes de que todos somos los engranajes de la historia, que el destino de los héroes no es solo la tumba, y que son las crisis las que gestan los grandes ideales y a los hombres que los buscan.
Todos tenemos algo que aportar, por el simple y contundente hecho que somos distintos. Dos personas pueden ver la misma figura y rescatar cosas diferentes, por esa razón todos sumamos, nadie está de más, nadie puede redundar. Es un desafío del Estado, y nuestro, fomentar la participación y el compartir las ideas, no encerrarse en el “yo” sino ser libres con el “nosotros”.
1 Costa, G. & Romero, C. (2015). Lima: ¿cómo hacerla más segura?, pp. 63,68,Lima: Ciudad Nuestra.
2 La economía peruana en los últimos 50 años, BCRP, junio de 2012, página 29, http://clas.vse.cz/wp-content/uploads/2012/11/PERU-50-A%C3%91OS-DE-DESARROLLO-ECONOMICO.pdf