En “El déficit no es plastilina” Federico Salazar arremete contra el plan económico de PPK, alerta sobre la irresponsabilidad de ampliar el gasto público y se muestra, sorprendentemente en un liberal, en contra de la reducción de impuestos. Básicamente su dura crítica se centra en convencer sobre lo dañino que puede resultar el déficit fiscal. Sin embargo, conviene señalar que el problema no es el déficit en sí mismo, sino su sostenibilidad.
Desde los tiempos de la Gran Depresión sabemos que la política fiscal es un poderoso instrumento de estabilización de la economía. Normalmente durante los periodos de bonanza y crecimiento el gasto debería estar controlado, pero cuando la economía se desacelera o entra en franca recesión el gasto público debería incrementarse.
Sin embargo, las cuentas fiscales no pueden mantenerse permanentemente deficitarias porque gastar más de lo que los ingresos soportan implica mayor endeudamiento y el costo del crédito no está fijo sino que se incrementa conforme la deuda también aumenta. La sostenibilidad de la deuda es la clave para mantener las cuentas fiscales en equilibrio.
El Perú ha conocido en el pasado de los peligros del dispendio e irresponsabilidad fiscal. Pero ahora enfrenta un escenario distinto. Por ejemplo, en el 2015 el Perú colocó un bono soberano a 12 años por US$1.250 millones con una tasa de rendimiento de 4,15% lo que refleja el grado de confianza que los mercados financieros muestran por la solidez macroeconómica del país.
Es más, el compromiso del Perú con la sostenibilidad ha llegado a tal punto que hemos establecido por medio de la Ley de Responsabilidad y Transparencia Fiscal como techo el déficit en 1% con respecto del PBI. Sin embargo, durante el 2015, el déficit sobrepasó dicha regla fiscal y alcanzamos un 2.1% de déficit. Pero lo más preocupante es que dicho incremento se debe al gasto corriente, especialmente en transferencias por programas sociales y en la contratación de empleados públicos. El gasto en inversión, al contrario se ha contraído.
El escenario se presenta complicado para el próximo gobierno. PPK, quién ha presentado un plan de reactivación mejor estructurado, ha señalado con mucha audacia que modificará la ley para permitir un incremento del déficit al 3% que irá paulatinamente disminuyendo hasta llegar al 1% en el 2021. La idea es impulsar la demanda interna, incrementando el gasto en inversión, básicamente en infraestructura e impulsar la inversión privada a través de la reducción del IGV, eliminación de trámites burocráticos innecesarios, la modernización del Estado y otra serie de reformas estructurales.
Los precio de las materias primas han caído y la economía internacional se enfría, por eso es necesario y oportuno un impulso fiscal para que el crecimiento y el empleo no se detengan. Si bien la estabilidad macroeconómica nos permite acceder fácilmente al crédito barato, el manejo de las cuentas fiscales debe ser prudente. El reto del próximo gobierno recaerá en la solidez de su equipo económico y las personalidades que la integren. En buena medida aquí interviene mucho el juego de las expectativas de los agentes económicos. Aunque Federico Salazar lo quiera minimizar.