Punto de Encuentro

América Latina: entre la oportunidad y el desacierto

En pocas semanas se termina de consolidar, parcialmente, un nuevo ciclo en nuestra región: un ciclo marcado por la polarización, en el cual nos enfrentamos como países a dos caminos. Uno de ellos es aprovechar las oportunidades que traerían escenarios positivos como el uso nuestras reservas de recursos naturales y energéticos, hoy con precios más alto, por mencionar algunos: el triángulo del litio entre Chile, Argentina y Bolivia; el cobre en Perú; el petróleo en Venezuela, entre otros. A pesar de lo que muchos expertos señalan, este podría ser un quinquenio muy bueno para los sudamericanos.

Pese a la polarización y a las demandas actuales de la ciudadanía —acceso a servicios básicos, mal control territorial ante el crimen organizado, mejores condiciones laborales y mejores servicios de salud—, los sudamericanos, con estos nuevos gobiernos, se muestran optimistas sobre lo que podría venir en los próximos años.

Ahora bien, hoy también existen ventajas geopolíticas claves a favor de nuestra región: la abundancia de minerales críticos para la transición energética mundial, la seguridad y soberanía alimentaria, el control de las vías navegables, la biodiversidad amazónica y la producción de energías limpias, entre otros recursos que explotar a nuestro favor.

Esto le daría a Sudamérica la posibilidad de convertirse en una región con múltiples oportunidades de desarrollo, donde la inversión privada y extranjera no se concentre solo en infraestructura, sino también en la exportación de insumos, productos terminados y alimentos para el mundo. Países como Japón, que hoy dependen del Sudeste asiático, podrían encontrar en nuestra región un nuevo proveedor de estos productos.

Conectividad con el mundo un factor decisivo

Si bien hemos mencionado en la primera parte todos los productos que tenemos en este lado del mundo, también tenemos que considerar la logística y Sudamérica tiene una serie de puertos de gran calado que tiene dos frentes por un lado hacia el Atlántico y por otro lado hacia el Pacifico, esto generaría en los próximos años mayores rutas de navegación comercial y mayores posibilidades de negocios entre los países del Sur Global.

Los puertos de nuestra región cumplen tres roles clave. El primero es el de motor económico y exportador; sin embargo, en zonas como el Callao, en Perú, esa área de influencia no ha logrado consolidar un ecosistema próspero para los ciudadanos que viven en sus periferias. El segundo rol clave es la integración del comercio marítimo con el terrestre: hoy, con puertos como el de Chancay, el transporte marítimo se articulará con rutas como el Corredor Bioceánico, que unirá a Brasil, Paraguay y Chile, y con el eje Perú-Brasil, donde nuestro país será la puerta de entrada al eje amazónico. A esto se suman otras rutas terrestres que integran a más países, además de los proyectos de cielos abiertos que también contribuirán a la integración regional.

Menos discurso, más resultados

Después de repasar algunos de los recursos con los que contamos como sudamericanos, y de señalar que la conectividad será el factor neurálgico para aprovechar esta oportunidad, es importante que los líderes de nuestros países entiendan algo simple: estos recursos, bien administrados, traerán trabajo, progreso y desarrollo. Para eso es fundamental reactivar bloques como la Alianza del Pacífico y fortalecer Mercosur y otros tratados comerciales.

Esperemos que nuestra región no pierda esta oportunidad. Es legítimo que cada gobierno defienda su posición ideológica en las agendas de Estado, pero los ciudadanos ya no piden ideología: piden desarrollo. Eso significa más acción y menos discurso. Solo así los gobiernos actuales estarán a la altura de lo que sus pueblos les exigen, y solo así Sudamérica dejará de exportar solo materia prima para convertirse, de una vez, en una región de industria.

Los próximos años dirán si los gobiernos supieron leer el momento. Que así sea.

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