Punto de Encuentro

“Brexit” y la crisis de la integración

Los recientes sucesos a partir de los resultados del “Brexit”, hacen necesaria una nueva mirada crítica a las teorías de la integración que se estudian en las Relaciones Internacionales. La Unión Europea, durante muchos años, se configuró como el modelo clásico de integración, así como del desarrollo de una gobernanza multinivel que viene implementándose desde su nacimiento en 1993. Es necesario precisar que, el Reino Unido tenía lo que podríamos llamar una “integración parcial” con todo el bloque europeo, puesto que mantiene autonomía en materia monetaria (no utiliza el Euro como moneda), lo que evidencia que Londres propició su entrada a la Unión Europea bajo un criterio más económico que político. ¿Por qué se da esta situación? Londres tiene sus intereses ligados al porvenir de Europa y Thatcher defendió ello en los 80’s: integración económica SI, institucionales comunes NO.

Horas después del triunfo del “Brexit”, si bien terminó afectando notablemente las bolsas de valores a nivel mundial, este suceso, por su particularidad, sienta un mal precedente para los esfuerzos que se han venido haciendo en América Latina en torno a la integración. La Unión Europea era el faro que sirvió de guía a los recientes esfuerzos de integración en Sudamérica, no solo económico, sino también en materia de seguridad internacional, resolución de conflictos, entre otros, puesto que se mostraba como un bloque sólido y unido. La UNASUR nació bajo esta lógica, pero con el “Brexit” como antecedente, no sería extraño que países sudamericanos, sobre todo los que vienen siendo parte de este “giro a la derecha”, comiencen a cuestionar los beneficios de pertenecer a UNASUR. Recordemos que UNASUR fue una propuesta liderada por los gobiernos más progresistas de la región.

El “Brexit” tuvo entre sus principales cuestionamientos, la burocracia excesiva de Bruselas, que como centro de poder de la eurozona, actuaba como una especie de “Roma del Siglo XXI”, que obstaculizaba desde hace varios años, la autonomía de las leyes inglesas. Que no parezca raro ahora lo que hizo Enrique VIII cuando decidió cortar relaciones con Roma, principal centro de poder durante su tiempo. Esto no es un fenómeno nuevo puesto que Inglaterra siempre ha hecho prevalecer sus propias leyes y, en la actualidad, frente a los problemas como la inmigración y el terrorismo internacional, estaba atado de manos y la salida de la Eurozona, fue la solución más factible. Esto puede responder a un argumento histórico – institucional: la independencia de Londres como centro de poder, que al estar ligado a la Unión Europea, Bruselas le quitó todo protagonismo en la agenda mundial.

Es conocido que si queda un precedente, siempre habrá consecuencias. El “Brexit” puede expandirse como ese “fantasma que recorre Europa”, que ya no es el comunismo, pero es el nacionalismo, que genera temor en los países europeos, porque no solo es su extremismo, sino una implosión del “euroescepticismo”, trayendo abajo estos ideales de integración. Con este suceso, la historia demuestra su carácter cíclico, que todo pasado puede regresar en un momento determinado. Pareciera que Europa comienza a vivir los primeros años del siglo XX previos a la I Guerra Mundial, pero ahora con neo nacionalismos y problemas transfronterizos, que ponen en una situación crítica los mecanismos de integración de la Eurozona.

Entre las tantas lecciones que nos dejará el “Brexit”, quizá la más importante sea ese fracaso o no del sueño de la integración. Desde la caída del Muro de Berlín y el constante avance de la globalización, la Comunidad Europea se posicionó como un paradigma de la integración no solo económica, sino político y social, y frente a ello, la decisión del Reino Unido es un fuerte espaldarazo a los esfuerzos que hacían Francia y Alemania por atenuar los resquebrajamientos de la identidad europea. La crisis de Grecia, la crisis migratoria, los nacionalismos radicales, el terrorismo islámico, parecen haber ganado esta batalla a la institucionalización de la integración. El conservadurismo va desplazando al progresismo y al parecer, la añoranza de una Europa fuerte y unida, está lejos de ser posible.

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