Punto de Encuentro

¿Se levantará David?

Hay muchas cosas que arreglar en el mundo. Demasiadas. Pero la verdad también creo que ha habido avances que no podemos ignorar. La actualidad supone retos importantes, pero estos retos son producto del avance de los últimos siglos.

La inclusión así como un derecho, impone responsabilidades, las categorías deben reivindicarse en su peso al tomar la oportunidad de inclusión para dinamizar el debate democrático y agregar valor socio-productivo.

No podemos quedarnos en la idea de la auto-marginación, no podemos seguir con las excusas de lo que antaño era normal, porque no estaba bien. En este sentido, desde mi feminidad me niego a ser valorada "paritariamente" en la foto, o como latina a ser incluida "étnicamente" en la conversación; tampoco quiero formar una "colonia" dentro de mi ciudad con pares de migrantes. La inclusión pasa por comprender cuál es el aporte que podemos dar a la sociedad donde hacemos vida. La local, nacional y mundial. Y lo mismo pasa con las mujeres, los indígenas, afrodescendientes, los de costa, sierra, selva y puedo seguir con las "clasificaciones infortunadas".

No podemos argüir convenientemente la minusvalía histórica para liberarnos de las responsabilidades de cara a los tiempos en los que estamos circunscritos. Y este reclamo, porque así lo asumo, es producto de ver muchas veces como los latinoamericanos y todas nuestras subcategorías, nos conformamos con formar parte de un segundo orden. Algunos incluso quieren, convenientemente, apegarse a ese orden, y perpetúan nuestras debilidades, en vez de crear sinergia como sociedad policlasista, multiétnica y mestiza.

Informalidad, desorden, improvisación, "floro", el "aquí eso no se puede" y el "nadie hace eso"... plagan las conversaciones cotidianas, y más aún en la conducta diaria de los detentores del poder político y económico, y de muchos de los ciudadanos. La resignación a una minusvalía mental es peor que la frontal porque desestimula la lucha por mejorar, el reto por crecer y las metas para desarrollarnos.  Destruye toda posibilidad de cambio.

Pero no todo es parejo en lo negativo, afortunadamente. En estos tiempos he conocido a un sin fin de peruanos de todas las clases, de todas las toldas, de todos los rostros, géneros y de todos los rubros —casi todos— y en un 80% noto ganas de fajarse, seriamente, en transformar la vida social que tenemos en la vida social que deberíamos tener. La mayoría siente que hay demasiados muros, trampas y artilugios en el status quo; y los hay, pero también hay muros imaginarios que impiden que esa masa abundante y dispuesta pueda verse unida y trabajar articulada.

Pero incluso ello no impide que empiecen a sedimentar las viejas rocas de la costumbre, inútil, de subvalorarnos. 

Creo, sin miedo a equivocarme, que están por llegar nuevos tiempos, nuevos esquemas y cambios profundos en la dinámica socioeconómica y política del Perú.  Hay un gran reto por parte de la clase política que deberá liderar espacios en estos años venideros, pero también hay un corpus socio-productivo que debe engranarse para producir la inercia necesaria para echar adelante los cambios.  En el centro de todo, como lo he venido diciendo está la Comunicación Política, como vehículo de conversación, intercambio de ideas, adhesión, coordinación y validación del sistema; comunicación de liderazgos para encaminar el poder fragmentario de la sociedad contemporánea.

 Un David social puede levantarse, si decide dejar de acurrucarse con el Goliat de la desidia para que no lo mate.

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