Punto de Encuentro

Desterremos la cultura del secretismo en nuestras FF.AA.

Latinoamérica desde finales del Siglo XX ha transitado desde regímenes autoritarios hacia sistemas democráticos basados en el desarrollo sustentado en la representatividad ciudadana, la fortaleza de las instituciones y la adecuada transparencia de las acciones gubernamentales, entendidas tales como políticas públicas, rendición de cuentas, etc.

Hace unos días al revisar el trabajo realizado en el año 2006 por el investigador peruano José Robles, con relación al caso de la “Asignación de recursos para la defensa nacional: El caso del presupuesto 2003-2005”, me quedo claro que es en base a esa nueva concepción democrática, que las Fuerzas Armadas como cualquier institución estatal deben empezar a cambiar sus estructuras, organizaciones, procesos y, con especial énfasis, su mentalidad; con la finalidad de adaptarse a su nuevo rol en el marco de gobiernos plenamente democráticos.

No olvidemos, que la defensa nacional es por definición un bien público suministrado a la sociedad por el Estado a través justamente de sus Fuerzas Armadas, las cuales, en el caso peruano, históricamente han buscado monopolizar la mayoría de las decisiones tomadas en el sector defensa dejando en un segundo plano a los decidores civiles, quienes en democracia son los que representan políticamente a la sociedad en su conjunto.

En el Perú, luego del autoritarismo de los años 90´ se ha venido aplicando una política de transparencia del gasto militar, la cual, a su vez, responde a una política macro de transparencia del gasto público efectuado por toda la Corporación Estatal. Cabe señalar, que en niveles de transparencia, el campo militar tiene ciertas limitaciones legales en comparación a otros sectores por motivos de “Seguridad Nacional”, pero a pesar de eso la transparencia del gasto militar estaría produciendo un debilitamiento de la denominada Cultura del Secretismo en lo militar tan arraigada en el Perú.

¿Qué entendemos por Cultura del Secretismo?

Marcela Donadio en su obra “El presupuesto de defensa en América Latina: la importancia de la transparencia y herramientas para el monitoreo independiente”, define a la Cultura del Secretismo como “(…) la indebida extensión de características secretas de determinados temas a otros que deberían ser de conocimiento general”.

Cabe agregar, en esa misma línea, que el carácter reservado de muchos temas puede repercutir en un afán exagerado de secreto entorno a asuntos ordinarios vinculados a la seguridad y defensa nacional. Justamente en ese afán exagerado de secreto es que normalmente se cocina el caldo de cultivo de la corrupción estatal y, a su vez, uno de los elementos más perniciosos en contra de esa credibilidad social que necesita el Estado cuando ejecuta el gasto público.

Recordemos, por ejemplo, cuando se sustrajeron 52.5 millones de soles, que al cambio eran unos 15 millones de dólares, para un pago por concepto de beneficios sociales a favor de Vladimiro Montesinos. En ese entonces no existían los actuales portales de transparencia del gasto público, en consecuencia dicha operación paso inadvertida por la ciudadanía en un primer momento; luego cuando se desató el escándalo, operaciones de este tipo generaron zozobra y desconfianza de la ciudadanía respecto al manejo fiscal del país hacía finales del gobierno de Fujimori. 

A razón de la denuncia por traición a la patria que ha formulado el Ministerio de Defensa contra las periodistas Roxana Cueva, Karina Novoa y Jorge Ipanaque del programa periodístico Panorama, me vino a la memoria una conversación sostenida hace algún tiempo con mi amigo Ricardo Milla, un General EP (r), quien con conocimiento de causa me aclaró que el secretismo en materia de gasto en armamento ya no resulta relevante en una sociedad globalizada, donde ese tipo de información es de amplio conocimiento. No obstante, lo que sí precisó que debería tener un carácter secreto o reservado es aquella información vinculada a la estrategia y a los planes operativos de la defensa nacional, eso por obvias razones que sí inciden en la seguridad nacional de caer en las manos equivocadas. Ojo, estrategia y planes operativos de defensa, más no gastos y, sobretodo, indicios de un supuesto caso de corrupción que a todas luces no debe ser apañado. 

Debemos puntualizar, que la información sobre el gasto que un Estado hace en compra de armamento no es algo difícil de encontrar si accedemos por ejemplo a un ente especializado como el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz-SIPRI; empero, reiteramos que lo complicado es acceder al gasto que  cualquier Estado efectúa en el desarrollo de una estrategia y sus planes operativos de defensa.

A la luz de lo antes mencionado es fácil deducir que justamente en la ejecución del gasto que se efectúa en el desarrollo de una estrategia y sus planes operativos de defensa se afianza la Cultura del Secretismo, porque es allí justamente donde el sistema permite actos de corrupción con mayor impunidad.

Para Sara Farfán, Procuradora del Ministerio de Defensa, los periodistas de Panorama habrían incurrido en la comisión del Delito de Revelación de Secretos Nacionales, el cual se tipifica en nuestro Código Penal, artículo 330°, que a la letra en su primera parte dice: “El que revela o hace accesible a un Estado extranjero o a sus agentes o al público, secretos que el interés de la República exige guardarlos, será reprimido con pena privativa de libertad no menor de cinco ni mayor de quince años”.

No cabe duda, que el reportaje de Panorama en puridad denuncia un supuesto caso de corrupción y no constituye, por ende, un acto irresponsable de develamiento de un secreto de Estado. Ahora lo que sí ha tocado dicho reportaje es la medula misma de esa Cultura del Secretismo que aún subsiste no sólo en el Perú sino en cualquier parte del mundo.

En conclusión, considero que en nuestro país aún subsiste esa Cultura de Secretismo en nuestras Fuerzas Armadas porque hay quienes erráticamente creen que lo militar es como una isla dentro de la Corporación Estatal Peruana. No institucionalicemos pues, enclaves de la corrupción e impunidad, para tal efecto, desterremos progresivamente esa Cultura del Secretismo actuando como ciudadanos atentos y vigilantes del gasto que se hace del dinero de todos los peruanos en materia de seguridad y defensa nacional.   

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