Punto de Encuentro

Nadie es intolerante. A propósito de la marcha de la comunidad LGTBIQ

Cuenta la leyenda, en la Odisea de Homero, que en la isla de los Cíclopes, Ulises se enfrentó al cíclope Polifemo quien se había comido a dos de los compañeros de Ulises. El héroe entonces tuvo la astuta idea de emborracharle, haciendo uso de sus artimañas le dio el vino y después le dijo: “preguntaste, cíclope, cuál era mi nombre glorioso y a decírtelo voy. Ese nombre es nadie. Nadie mi padre y mi madre me llamaron de siempre y también mis amigos”. El cíclope cayó de espaldas vencido por el sueño. Entonces  Ulises aprovechó para coger una estaca de olivo encendida en fuego y le quitó el único ojo que el monstruo tenía. Polifemo despertó víctima de la ceguera, gritando a viva voz que "Nadie me mata de dolor" "Nadie me ha dejado ciego". Los demás cíclopes pensaron que Zeus le había castigado con la locura y se fueron de la gruta… Ignorándolo.

El daño ocurre aunque no sepamos su nombre. La intolerancia es un mal que aqueja a todas las poblaciones; de una u otra forma toda somos Polifemo, todos somos Ulises y todos usamos la astucia para decir que no hacemos daño. Todos a veces decidimos llamarnos "Nadie" y decir que "nadie es intolerante" o ignorar a la víctima porque no entendemos su sufrimiento o su desventura.

Las marchas suelen ser una artimaña de las masas, grandes o chicas, para que los polifemos cotidianos salgan a liberar a sus compañeros, pero son también el lugar donde muchos acusan a "nadie" frente a otros que les tachan de víctimas de la locura. Vi desfilar frases de apoyo y de intolerancia de algunos, vi frases que es mejor no repetir por lo difícil que es comprender a los "nadie" que enceguecen y prefieren el anonimato para evitar la venganza de los cíclopes.

La virtud de Ulises era su capacidad de engañar,  pero aquí nadie viene de ser héroe en Troya y nuestros cíclopes son indefensos.

La tolerancia es la mayor virtud democrática porque permite la realización de la diferencia. Tolerar no es "aguantar la existencia del otro" es admitirla y procurar su igualdad efectiva.  Podemos no compartir todas las ideas del otro, podemos diferir en sus creencias, en sus costumbres o en su carácter; pero no podemos negar su existencia y su realización.

Los temas van más allá de la marcha que, finalmente, es un medio pacífico de visibilización y catarsis. Puedo incluso decir que hay algo de carnavalesco en éstas con lo que yo no estoy de acuerdo. ¿Pero acaso quién soy yo para decidir como otros hacen catarsis? ¿Acaso lo carnavalesco es controlable? No. Y hay en autores varios como Bajtin algunas alusiones interesantes al carnaval que quizás deberíamos revisar para comprender lo que ocurre en las marchas de la comunidad LGTBQ y su catarsis colectiva en una sociedad conservadora y de imposición moral/religiosa.

En líneas generales creo que el mayor de los crímenes de tolerancia se da cuando despersonalizamos (víctima y victimario) para ser "nadie" y "el monstruo"; olvidando entonces quién es quién y cuál es su papel en la historia.

Los reclamos de la comunidad LGTBQ, la cual creo no está tan asimilada como comunidad, tienen aspectos básicos: en la tipificación de crímenes de odio donde se da, lamentablemente, paso a la violencia de género, la violencia institucional, familiar, económica, psicológica y sexual. Para cada uno una restricción de derechos fundamentales y por tanto una traición al espíritu democrático de la tolerancia.

¿Para qué es el Estado si no para mitigar los riesgos de violencia entre ciudadanos?

Sobre todo cuando de una u otra forma somos parte de un mundo que discrimina constantemente: mujeres, indígenas, afrodescendientes hasta "sudacas" y "tercermundistas" son categorías a las que nos han reducido despectivamente alguna élite del mal llamado "orden mundial"

¿Y nadie nos ha matado de dolor?

La hipocresía no debe confundirse con astucia.

 

#SeguiremosPensando les invito a conversar en el twitter @nancyarellano

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