Punto de Encuentro

Tierra del millón de elefantes

A bordo de Vietnam Airlines al cabo de las 10am, aterrizábamos en el aeropuerto internacional de Wattay, antes de pasar migraciones compramos la visa por 38 dólares americanos. Encontramos una pequeña caseta de cambio en el aeropuerto y de inmediato cambiamos algunos dólares por muchísimos Kips. Siendo un país tan pequeño, pobre y rural nos sorprendió saber que podías cambiar cualquier moneda en el banco, pero el Kip no se puede cambiar fuera de Laos, así que solo dos opciones: o cambiar de a poquitos o cambiar y ¡gastárlo todo!

Un país entrampado entre otros cinco alrededor y sin acceso al mar, casi del mismo tamaño de Gran Bretaña. Según nuestro agente turístico en Lima había, señalado visitaríamos solo dos ciudades principales: Vientiane y Luang Prebang. Nosotros ya estábamos en la primera así que el recorrido turístico no pudo esperar.

Un río cortaba a aquella pequeña ciudad en dos partes, en general era un lugar tranquilo y su gente era muy amable y cálida. Algunos años atrás, Laos era uno de los pocos países comunistas que quedaban, el pasado colonial francés se podía notar en algunos ciertos puntos, como la panadería en la que paramos antes de empezar para probar el delicioso pan que preparan y mientras tomábamos una merienda el guía nos contaba que el nombre del país en el idioma Lao era Muang Lao y que fueron los franceses los que le agregaron la ¨S¨ al nombre del país, en ese momento no estaba segura si solo era una broma.

A medida que avanzábamos visitamos varios templos, lo mejor fue caminar por los jardines a orillas el río mientras mi padre tomaba un Beerlao bien helada. A diferencia del resto de capitales del sureste asiático esta era pacíficamente encantadora. Desafortunadamente nos perdimos la bella puesta de sol que se puede observar sobre el Mekong… ¡si llegas antes que el sol caiga!, claro…

Al día siguiente por la mañana llegamos a un precioso hotel boutique en Luang Prabang, visitamos tiendas de seda y mercados de artesanía y ahí notamos que los Kips se nos iban acabando, volamos para visitar las cuevas del Buda Pak Ou, un pequeño pueblo de minoría étnica. Ya de regreso, un restaurante fantástico nos sorprendió a la hora de la cena. Esta ciudad que alguna vez fuese una antigua capital real ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

A pesar de tener templos dorados y otros atractivos muy similares a los que pude ver en Mianmar, por algún motivo Luang Prabang me resultaba más encantadora que la capital misma de Laos; me llamó la atención ver pasear a los monjes con sus trajes a los que ellos llaman color azafrán. Esa noche mientras cenábamos el guía nos dijo que había un destino muy interesante que no estaba en nuestro itinerario pero que sería una locura perder, nos mostró fotos con colores impresionantes e increíbles caídas de agua, así que decidimos quedarnos un día más pues la Meseta de Bolaven (que se levantó hace millones de años sobre una extensa zona volcánica) nos esperaba al sur de Laos.

NOTICIAS MAS LEIDAS