Llego de la Independencia, pero esta germinó desde el estamento criollo costeño, mas no del campesinado; al surgir de un grupo minoritario, no se convirtió en una bandera de lucha reivindicatoria de toda la población, y no se llegó al punto más importante de este proceso, la revolución cultural; sobre este punto me quiero centrar, porque considero que es el punto de quiebre histórico que explica la diferencia abismal que nos llevan otras sociedades en relación con la peruana. El resto de la historia ya la conocemos.
Esta revolución cultural es ajena a la forma de gobierno (Reino Unido con una monarquía parlamentaria tiene bajísimos índices de corrupción) o a las armas que se empuñan, es un proceso de involucramiento en la vida política del país, un sentir de responsabilidad con la labor fiscalizadora que debe tener la población con sus gobernantes. No es simplemente un sentimiento de pertenencia hacia una patria, debe trascender a un sentimiento de deberes y responsabilidades ciudadanas con el Estado.
Luego, las generaciones posteriores en estos Estados que ya experimentaron esta revolución cultural se les hace innato esta nueva cultura cívica, por lo que no es compleja su perdurabilidad en el tiempo.
A mi juicio, este es el punto que carece la sociedad peruana, no importa que forma de gobierno ni cuantos procesos independentistas tengamos, cuantos golpes de estados militares hayan o cuantas veces retornemos a la democracia, si no atravesamos este proceso de revolución cultural, y que se dé desde las bases de la pirámide social, seguiremos viviendo este cáncer que no solo carcome al Estado, sino también los aspectos más básicos de la vida cotidiana.