Cada vez que se toca el tema del Empleo Informal en el Perú, se recurre a la” satanización” de los sectores que son catalogados como “informales”.
Ser informal en el Perú, es dedicarse a ser un microempresario que invierte todo lo que tiene o se busca el capital necesario y tiene una incipiente empresa, que se podrá constituir magnamente solo si sobrevive al mercado. La “satanización” de la informalidad ha sido para ver a lo “informal” como consecuencia y causa de pobreza, desorden, precariedad, pero no necesariamente es así.
En el fondo de la informalidad, existe un sector en potencia de futuros empresarios exitosos y emprendedores. En efecto, un vendedor ambulante es un pequeño empresario con la habilidad y determinación suficiente para obtener sus ingresos sin ser asalariado, lo cual, en nuestro medio, es algo aplaudible. Existen muchos autoempleados que no cambian su oficio por un trabajo formal en una empresa, porque a pesar de ser “informales”, obtienen ingresos aceptables, tienen libertad para implementar sus ideas, generar sus propios capitales, etc.
Lo que muchos miran como algo negativo; y el Estado, como el más grande. como el más grande problema en la economía nacional, no es más que un gran sector en pro de crear con el tiempo grandes empresas, oportunidades y empleos “formales”.
El peruano es muy emprendedor, creativo y deempuje, dadas las condiciones muta de características en el mercado económico y no siempre busca quedarse en un mismo hábitat, migra de acuerdo a las condiciones del mercado y a las posibilidades que se lo permiten.
Si bien es cierto en nuestro país tenemos a la gran mayoría de la PEA en el sector urbano, en el sector rural radica un tipo de empleo por apoyo familiar, al fin y al cabo es empleo pero distinto al de trabajar bajo un sueldo y con beneficios personales. La diferencia entre el sector urbano y el rural, radica en manejar otro tipo de herramientas para laborar y las condiciones que tienen para empezar o poder elegir un trabajo. Para una parte de la población, incursionar y ser parte de la informalidad aparecería como la primera opción, totalmente válida debido al proceso de diferenciación de ingresos que estarían obteniendo frente a los costos de oportunidad en el sector formal. A este supuesto se agregan dos posibles escenarios de la informalidad:
I. El de la economía de la pobreza, con la exclusión de una cada vez mayor cantidad de sector que no se incorporan al desarrollo global y optan por la informalidad para poder subsistir.
II. La aglomeración de pequeñas empresas dinámicas, en las que gracias a una determinada cantidad de capital social, pueden movilizarse los recursos mercantiles.
El Estado debe tener una visión de la informalidad, de manera horizontal y noverticalizadora. El verticalizarel problema de la informalidad se estanca en un tema netamente político, para catalogar libremente a alguien como informal y marginarlo hacia un sector de inferioridad laboral, descuidando sus derechos.
En este orden de ideas, en lugar de definir políticas públicas cortoplacistas orientadas a incorporar estos emprendedores y microempresarios al mercado laboral de una manera intempestiva y no consultada, lo que se debe hacer es diseñar políticas públicas integrales encaminadas a dar apoyo real y efectivo al sector, superando la actual desarticulación estatal en todos sus niveles, construyendo además espacios de diálogo y sincerando las estadísticas que permitan conocer lo más cercano posible la situación actual de los trabajadores autoempleados.