Punto de Encuentro

¿Ecologismo lógico o ideológico?

 

El ecologismo ideológico en los últimos años se ha tornado ambiguo y en algunos escenarios ha tomado posturas de corte radical, declarando que el hombre es el principal enemigo de la naturaleza porque sólo se dedica a esclavizarla, saquearla y destruirla; de esta manera ha reforzado la filosofía ecocentrista que apela al sentimentalismo verde por encima de la vida de un ser humano. Sin embargo, debemos recordar que el hombre es quien ha domado la naturaleza utilizando los recursos naturales, convirtiéndolos en la pieza clave para la prosperidad de las naciones, forjando así grandes civilizaciones desde tiempos antiguos con el objetivo principal de contribuir con el desarrollo de la humanidad.

Si hacemos un breve recorrido en la historia, los movimientos ecologistas de matices ideológicos empezaron a extenderse en los años sesenta como consecuencia de la segunda guerra mundial con la creación de organizaciones con fondos para la naturaleza, y en aquel contexto, coincidiendo con las manifestaciones de los movimientos hippies, quienes mostraban una contraposición a las políticas adoptadas por el gobierno estadounidense que aplicaba el sistema tradicional del poder a través de la tecnología y el crecimiento, el argumento de los movimientos contraculturales ecopacifistas expresaron que el principal motivo de las guerras y el sufrimiento en el mundo era la tecnología, la industrialización y el excesivo crecimiento de la población, abogando por un estilo de vida más rural y básico.

La visión de Franklin Roosevelt, finalizada la segunda guerra mundial, fue el desarrollo tecnológico e industrial pero el ecologismo moderno se mostraba contrario a estas políticas, tildándolas de nocivas y que sólo nos encaminaría a la destrucción del planeta, mientras tanto las organizaciones verdes fueron tomando fuerza, proponiendo la conservación estricta de grandes áreas naturales en distintos países. Así mismo se exponía políticas malthusianas y apocalípticas para limitar o reducir la población mundial, manifestando que la sobrepoblación sería un problema grave para el ecosistema, por el gran impacto que el hombre ejercía sobre la naturaleza.

Si revisamos la teoría de Vladimir Vernadsky, un científico biogeoquímico ruso, quien escribía sus obras a inicios del Siglo XX, desarrolló el concepto de La Biosfera, manifestando que la materia viva que rodea nuestro planeta era unidireccional, siempre estaba en dinamismo evolutivo, aumentando la densidad del flujo de energía que hacía que todo el desarrollo del sistema avance sin suspensión ni retroceso. Él entendía que el medioambiente y el clima siempre estaban en constante cambio, al igual que todas las especies que dominaban el planeta, pero este cambio manifestaba una dirección concreta, siempre hacia mayor caos y alta complejidad.

Por lo tanto la entropía ecológica que explica el grado de desorden de un sistema es una característica propia de la naturaleza, es así que "con o sin" la intervención del hombre siempre manifestará un constante dinamismo. En tal sentido, nuestro afán ecologista debe estar centrado en planteamientos científicos, analizando las mejores posibilidades para equilibrar nuestros ecosistemas y contribuir con el bienestar del hombre, promoviendo el desarrollo de mayor tecnología en la industria y proponiendo estudios de nuevas formas de energía que presenten alternativas mucho más eficaces y que no afecten la economía de los países.

El problema no es la extracción de nuestros recursos ni la industrialización, el problema en nuestros países, es la falta de planificación de una economía ambiental y los pocos estudios de investigación en soluciones más inteligentes que propongan nuevas formas para fortalecer los objetivos del desarrollo sustentable. Por lo tanto reafirmemos un ecologismo lógico basado en el avance de la ciencia y la alta tecnología con el fin máximo de equilibrar nuestro ecosistema y atender las necesidades de nuestra población, sin dejarnos llevar por el ecologismo ideológico que muchas veces termina oponiéndose autoritariamente a la explotación de nuestros recursos mientras existen tasas altas de desempleo y de desnutrición infantil, que golpean a diario la realidad de nuestras economías.

 

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