#HablaCastañeda, es un proceso de iniciativa ciudadana que tiene por objetivo que el alcalde de Lima responda (o no) un pliego de 108 preguntas- respecto a presupuestos- distribuidas en 17 ejes temáticos: transporte, planificación, seguridad ciudadana, cultura, entre otros. Estamos a dos meses de que se cumpla un año desde que se iniciara el proceso y a semanas de haber culminado la etapa de recolección de 25 mil firmas que deberán ser entregadas al Jurado Nacional de Elecciones.
Este escenario es el segundo round de la lucha sin tregua que se iniciara desde que Susana Villarán llegó a la alcaldía de Lima en el 2011 y con álgidos debates frontales en el proceso de revocatoria a la entonces alcaldesa. Los plazos de #HablaCastañeda se han prolongado por factores como el débil posicionamiento estratégico ante la ciudadanía, desconocimiento de este recurso ciudadano, relegación de ejes temáticos en la coyuntura, entre otros.
La campaña se enfoca en un eslabón más de la cadena del problema a nivel nacional. Es un caso representativo por el protagonismo de los actores en el espectáculo político, pero no hace exclusivo el problema a la Municipalidad Metropolitana de Lima.
El sentido e importancia de un gobierno representativo en óptimas condiciones, es fortalecer espacios y mecanismos de acción y fortalecimiento de los regidores de oposición. Según la encuesta Lima Cómo Vamos (2016), solo el 28.7% de la población limeña, conoce mecanismos de consulta y participación ciudadana; y el 29% cree que la única manera de poder influir en la toma de decisiones en su distrito, es haciéndose amigo del alcalde, regidor o algún funcionario municipal. El hacerse amigo de una autoridad no es suficiente para decir que estamos participando.
No se ejerce a plenitud la participación política cuando limitamos la expresión ciudadana a una firma que establece un escenario de delegación de confianza al discurso de los líderes de estas iniciativas. Además de mirar el resto del bosque, debemos sentir que el espacio y la voz también es nuestra. No podemos concebir una política sin ciudadanos. No será suficiente el esfuerzo de querer hacer responder a autoridades que solo conocen el lenguaje de la improvisación y de un pragmatismo irresponsable, pero representa un punto de quiebre en el reconocimiento de mecanismos de participación ciudadana.
Es necesario rediseñar el sistema de representación ciudadana, desde la distribución de escaños, pasando por dotar de derechos y deberes a los regidores, amplitud de sus líneas de acción, mejorar actuales herramientas de cogobierno y establecer otras nuevas.