El milenio comenzó conel renacimiento y boom de gobiernos de izquierda en América Latina, conadministraciones que debieron reivindicar demandas sociales postergadas por largo tiempo,delas clases socioeconómicas más débiles, de grupos reducidos y excluidosy de ciudadanos dueños únicamente de su mano de obra barata enfrentados a grandes empresas y corporaciones transnacionales.
No obstante, el recuerdo de algunos líderes viene en caída libre; Lula en Brasil, Maduro en Venezuela y Humala en Perú, dejando atrás su edad dorada y haciendopensar a algunos, que el modelo político y económicono es aplicable a la realidad latinoamericana de manera coherente, articulada y sólida; sin apelar a clientelismos, asistencialismos o populismo como elemento estructural en tal modelo.
Nuestro subcontinente, se ha caracterizado por instituciones estatales endebles, de escasa expertis en planificación económica yun déficit de confianza y afección hacia la democracia por parte de la ciudadanía. Hoy, ante la luz de los hechos, se presentan ciertos políticos que cedieron al poder que ofrece el presidencialismo para crear caudillos mesiánicos, a los apetitos e intereses personales de ciertas élites gubernamentales que llevan a traficar influencia y direccionarla con fines y objetivos lejanos a los normados por ley, y a coquetear tras bambalinas con la corrupción estableciéndola como un régimen de facto en la forma de hacer política.
Lejano está el recuerdo del ex presidente brasileño LuizInácio “Lula” da Silva, creando el Partido de los Trabajadores y alcanzando con amplia mayoría el poder tras vencer a José Serra del PSDB, cumpliendo el sueño de la “nueva izquierda”. Hoy, lo único que se nos viene a la mente, es la palabra CULPABLE. Culpable, de aceptar sobornos de la constructora OAS. Culpable, de seguir inmiscuido como acusado en más investigaciones del caso “Lava Jato”. Culpable, de instalar en el imaginario social, la sospecha que las obras erigidas durante el 2003 hasta el 2010 se encuentran manchadas por todo ese mega sistema de corrupción de Odebrecht.
Aunque el juez Sergio Moro haya decidido que no irá por el momento a prisión, ante el colectivo, es un ángel caído del Olimpo de fantásticos ex presidentes sudamericanos.
La Venezuela de Chávez, heredada a Maduro, hace un buen tiempo que se convirtió en el peor enemigo de la izquierda en nuestra pequeña América,al borde de ser un Estado fallido. La democracia, como título del régimen político que se vive en el país, es más un cliché que un adjetivo.
Es CULPABLE; culpable de que se haya perdido el Estado de Derecho en Venezuela;culpable, de que las elecciones han pasado de ser instrumentos legitimadores de la voluntad popular a simples actos públicos nada transparentes de los operadores políticos del régimen dictatorial, intentando sostener lo insostenible, de vender historias de complots imperialista; culpable, del caos y anomia,del enfrentamiento entre venezolanos, de las muertes y del desgobierno generalizado; culpable, de que todos los días más venezolanos recurran al éxodo como única solución viable.
Se hacía llamar la “gran transformación”: gas a 12 soles, mayor seguridad ciudadana, educación de calidad, entre otras; fueron las promesas de la Hoja de Ruta del comandante Ollanta Humala. Ahora sabemos, que esa ruta se desvió en el transcurso de su gobierno y que en su camino lo acompañola empresa Odebrecht.
Posiblemente hayan discusiones de que si es exagerada o no, la prisión preventiva ordenada por el juez Carhuancho, pero al igual que el resto de los personajes mencionados es CULPABLE. Culpable, de debilitar más la institución de la Presidencia de la República. Culpable, de alimentar la percepción ciudadana de corrupción generalizada en los políticos a todo estamento del Estado (aunque es compartida dicha responsabilidad con otros ex presidentes), pero hoy se siente a flor de piel. Culpable, de su debilidad como autoridad y político.
Ollanta ha herido a la izquierda en el Perú, pero parece que el Frente Amplio también quiere colaborar un poco con la mejor y más conocida de las jugadas de las izquierdas: dividirse.
Es una lástima, la izquierda siempre será una alternativa política, pero una izquierda madura y consecuente; no esta imagen retorcida de corrupción, fragmentacióny liderazgos alejados del pueblo.