Punto de Encuentro

Los pacientes del Estado

El título de esta columna es el mismo que lleva por nombre el trabajo de Javier Auyero donde el autor estudia el proceso de la tempografía de la dominación, que no es más que describir los procesos donde los ciudadanos (dominados) interpretan lo temporal de la espera que impone la autoridad (opresor) en la prestación de servicios básicos, para ejercer patrones de actitud sumisa de las personas frente a la institucionalidad del campo interactivo entre comportamientos de rediseño de la ciudadanía o el fortalecimiento de la autoridad estatal.

El caso del lamentable e indignante deceso de la madre de la ex premier Ana Jara, trae al debate público el rol del Estado en los servicios públicos y la calidad de los mismos. Resulta incomprensible que existan brechas extensas entre la calidad de nuestros servicios básicos, la cobertura de los mismos y que sumado a otros factores, no estemos discutiendo el tema de la salud como problema nacional con urgencia a reforma y mejora de la situación. La referencia breve del texto de Auyero nos invita a entender procesos tan precarios como la salud en el rol del Estado de bienestar y la correlación de los actores  y sus intereses.

Los ciudadanos que acuden al Estado para obtener mejora en su vida cotidiana, no siempre lo hacen por la calidad de los beneficios, casi siempre lo hacen porque es el único medio infaltable que les permite sostenerse “ahí nomás”. La salud es uno de los problemas nacionales más postergados y tan superficialmente tratados. Justamente uno de los casos de estudio de Javier Auyero es la Agencia de Bienestar Social de Buenos Aires, donde encuentra ciudadanos que obedecen porque no hay otra manera de tener acceso al servicio que por más precario que sea le brinda la seguridad de no perderlo, ya que reclamar públicamente no tiene sentido. Nada podría estar peor, ni mejor que el presente.

La ciudadanía se define y constituye a través de la interacción y dinámica cotidiana con la más próxima autoridad estatal. No es el gusto por la espera o conservación del status quo precario, es la cotidianidad lo que los lleva a saber que peor podrían estar si reclamasen mejoras. Una sola palmera no da sombra en el desierto. La sumisión de los ciudadanos a la autoridad estatal se construye y reinventa en diversas formas de manifestación de la espera, de la inevitable condición que les toca vivir. Mientras tanto se cree legitimar la autoridad en la medida que se burocratizan los procesos de acceso a los servicios públicos.

El problema seguirá siendo el mismo mientras deleguemos un rol mesiánico al juez y parte: el Estado. Del encuentro entre los actores estatales y los ciudadanos, obtenemos como resultados una burocracia estatal que limita y subordina el derecho de reclamar mejores condiciones. Tal como lo señala Auyero, mientras los ciudadanos sigamos creyendo que el punto de partida hacia las soluciones de los problemas del Estado y su razón de ser en la sociedad, es poner en segundo plano el motor que significa la política en este juego, seguiremos postergando el papel determinante hacia una sociedad que exija reales mejoras en el amparo y hacer nuestra la actividad política y vinculante para el rediseño de nuestra condición de ciudadanos en la toma de decisiones.  

 

NOTICIAS MAS LEIDAS