Este mes de marzo 8 millones 400 mil niños y adolescentes retornarán a las aulas. En los últimos días, un buen grueso de ellos ya lo hicieron. Como cada año la foto del momento ha sido la del niño lloroso aferrándose a las faldas de su madre o en contraste, dos amiguitas que se reencuentran en la puerta de su colegio, se abrazan y se toman un ‘selfie’ de moda.
Estas escenas se vienen repitiendo en los noticieros así como las recientes declaraciones del presidente Ollanta Humala quien ha anunciado un nuevo aumento de sueldo para los maestros. Una medida que urge desde hace décadas y que a estas alturas no deja de sonar electorera.
Pese a los anuncios del Gobierno y a los esfuerzos de inversión en infraestructura (3 mil 100 millones de soles en el 2014) nuestra problemática sigue latente y cada vez más palpable. La educación pública rural dista mucho de parecerse a la estatal urbana. No está cargada de selfies ni de “momentos Kodak”, mucho menos de “sonrisas Colgate”. Aquí la realidad es otra.
Nuestros niños de los centros poblados y caseríos alejados de la sierra y selva se levantan cuando aún no amanece para caminar entre dos a tres horas para llegar a sus precarias escuelas. Allí, una profesora que también caminó similar trayecto del centro de la ciudad hasta la institución del pueblo enseña a más de un grado.
El acceso limitado de transporte en las zonas rurales sigue siendo un problema para los escolares y ni qué decir durante el periodo de lluvias que hace más largo y riesgoso su caminar. Hace unos días Humala inspeccionó el inicio del año escolar en Ayacucho y regaló decenas de bicicletas. Prometió adquirir 45 mil más para que los más pequeños “puedan ir y venir rápido a sus colegios y ganar tiempo”. Ojalá todos los niños tuvieran una.
En algunos centros escolares de San Martín y Junín las clases se han retrasado a causa de las fuertes lluvias y los deslizamientos. En los distritos de Pucalá y Batangrande en Chiclayo el dengue ha invadido estas zonas y los niños deberán quedarse en sus viviendas hasta nuevo aviso. Las precipitaciones en la selva central continuarán y como todos los años oiremos la misma cantaleta de las acciones de prevención que se están realizando. Resta bastante por hacer. Es verdad que muchos de los profesionales trabajan en esforzados programas públicos, pero esto debe estar acompañado de un mejor presupuesto y un eficaz plan de ejecución que no debería perderse mezquinamente de gobierno en gobierno como estamos acostumbrados.