Pablo Bulcourf es uno de los más importantes constructores del canon politológico iberoamericano. La ciencia política en español va alcanzando su madurez, en parte, porque está construyendo un pensamiento histórico de sí misma, y una canonización propia. Pierre Bourdieu podría decir que nuestro campo disciplinar se está configurando en Iberoamérica por la definición legítima de quiénes son sus politólogos fundadores, qué libros y quué artículos estatuyen el conocimiento politológico, y qué formas de capital académico y simbólico son los que producen, reproducen y legitiman las posiciones. Es decir que, Bulcourf tiene una doble labor: histórica y sociológica. Pues, hacer la historia de la ciencia política implica hacer la sociología del campo politológico, en cuanto a sus actores, sus capitales, sus disputas, y sus mecanismos de legitimación y reproducción. Es así: Convertir en objeto de estudio a los maestros, los discípulos, las redes personales e institucionales, los departamentos académicos, los congresos nacionales e internacionales, las revistas especializadas, y las asociaciones nacionales y supranacionales, implica darle forma a nuestro campo académico, que antes aparecía fragmentado, disperso, por historias y epistemologías parroquiales, y por distintos niveles de institucionalizacíon y profesionalización.
Bulcourf es un constructor reflexivo de la disciplina. Por supuesto, su obra sobre la historia disciplinar excede la simple y llana reconstrucción cronológica, descriptiva. Su producción historiográfica permite ver una genealogía, allí donde antes solo había nombres sueltos; y permite ver una trama común, allí donde antes solo había episodios aislados. En suma, su trabajo produce una memoria legítima de las instituciones y sus controversias, de los autores y sus modos de consagración; pero, sobre todo, vuelve visible un campo politológico, allí donde previamente solo podían observarse trayectorias aisladas, producciones dispersas y prácticas fragmentadas. En clave de Bourdieu, cuando Bulcourf interviene otorga visibilidad, densidad y legitimidad dentro del campo. Cuando él reconstruye la trayectoria de un politólogo, sitúa una revista, reconoce una asociación académica, identifica la importancia de una escuela nacional, está construyendo la disciplina en cuanto a su canon, incluso en cuanto a su cartografía.
Finalmente, Pablo Bulcourf es nuestro Giorgio Vasari. El símil es pertinente, pues cuando el maestro del renacimiento escribió "Las vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos", más que dar cuenta de biografías, lo que verdaderamente hizo fue otorgar legitimidad, jerarquías y, en la memoria, construir el canon del arte de su tiempo. Por supuesto, la ciencia política no posee la monumentalidad del arte clásico, ni la quietud estética del museo. Todo lo contrario, la politología es un campo atravesado por diversas disputas, tensiones y asimetrías en los órdenes teóricos, metodológicos, y en los programas de investigación. Pero, hoy, el pintor Vasari le enseña al politólogo Bulcourf que escribir la historia de la disciplina es establecer la memoria legítima, es distribuir el capital simbólico, es construir, y, hasta inventar, el canon politológico iberoamericano.