Punto de Encuentro

Mejor me quedo en casa

Si el apoyo real de los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta ha sido escaso, 18 y 12 por ciento respectivamente, más de un 25 por ciento de ciudadanos votaron por otros aspirantes a la presidencia, de forma que podrían no sentirse representados, directamente al menos, en el sufragio de este domingo 7. La tentación de quedarse en casa es grande, una cosa es trasladarse al local de votación, hacer la cola y exponerse al tráfico por una opción política cercana a nuestras convicciones o gustos. Otra diferente es cortar el día para votar por quien no nos entusiasma, posiblemente sintamos que ninguno de los que aún mantienen posibilidades merezcan nuestra confianza. La pereza es luego reforzada por la racionalidad oportunista: votar por uno de ellos es comprometernos íntimamente con alguien que juzgamos incorrecto, cuando comiencen a llegar las malas noticias de su actuación gubernamental nos sentiremos culpables; más fácil es decir, como piden algunos candidatos perdedores: “voté en blanco” o “vicié mi voto”, lo que supone ir, hacer la cola y sufrir el tráfico, para nada. Mejor me quedo en casa.

Los problemas no tardarían en aparecer. Ante la incertidumbre por la orientación ideológica de las políticas públicas, subiría el dólar, lo que causaría el alza de los precios en el mercado del barrio. Los financistas que deciden dónde invertir los ahorros producidos en USA y Europa, concluirían que colocar capitales en Chile, con presidente derechista, o en Colombia, donde posiblemente gane el populista, sea más conveniente que hacerlo en Perú donde gracias al ausentismo del 20 por ciento de electores de Lima Metropolitana, ganó en 2021 un candidato comunista. Esos electores no tenían que subir a un camión para viajar horas hasta el centro de votación, ni embarcarse en una balsa, ni cargar con los hijos en moto o a caballo. Es posible que su negligencia les pase pronto factura.

Imaginemos que el nuevo gobierno anuncia el relanzamiento de Petroperú, empresa pública “estratégica” que exige más de miles de millones de dólares para seguir subsistiendo y pagando las gollerías de sus funcionarios. Rompe el acuerdo para adquirir los cazas F16 y USA nos sanciona con un alza de aranceles y el bloqueo de algunos productos que exportamos. En un año el desempleo duplica sus cifras y nuestros hijos no logran ingresar al mercado laboral; es cada vez más difícil mantener el empleo, conservar los clientes, los negocios cierran y la respuesta del gobierno es elevar aún más los impuestos, la gasolina y el GLP, para seguir financiando los pedidos de los caciques regionales, los compromisos partidarios y la apariencia de normalidad. Esas medidas agravan el desempleo e impulsan el retiro de las grandes empresas internacionales. Pero no todo es negativo, pues cuando el socialismo logra empobrecer a las clases medias aparecen los bonos y subsidios directos, el gobierno reparte cartillas de alimentos y, aunque se haya perdido el puesto de trabajo, el líder plurinacional nos habla de dignidad y nos provee de comida, y a veces, de ropa.

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