El Congreso Nacional acaba de aprobar el proyecto de ley por la que se prohíbe la participación política de las organizaciones locales (provinciales y distritales) en las elecciones municipales. Con este acuerdo, hay quienes piensan que se ha coactado el derecho de los vecinos a asociarse libremente para participar en el gobierno de sus pueblos y ciudades en todo el Perú.
El argumento esbozado ha sido: “promover organizaciones políticas de carácter permanente”; lo que sería conveniente que sepan los 80 parlamentarios que votaron a favor, es que lo permanente es el carácter vecinal, no la organización política. Que lo debería ser, sí, pero en la práctica no ocurre, pues solo viene siendo un medio y por lo general efímero de cuestionable trascendencia.
Lamentablemente hemos visto en este último quinquenio, que los partidos nacionales se han olvidado de las regiones y de sus bases al interior del país, y que al llegar al poder, pierden fuerza. Lo vimos con Toledo, García, Ollanta y ahora Kuczynski.
Por ejemplo, en esta reforma, no están estipuladas las sanciones políticas a organizaciones que reciban fondos ilícitos, solo contempla sanciones pecuniarias, es decir está dejando la puerta abierta al dinero sucio. Tampoco exige la rendición de ingresos y gastos durante la campaña, y que es vital si de transparentar la gestión se habla.
Así también, la Presidenta de la Comisión de Constitución, Úrsula Letona manifestaba que las organizaciones políticas no se encuentran obligadas a cumplir con las normas sobre democracia interna y que es imposible que se les sancione por infracción de normas, sin embargo, la reforma tampoco examina uno de los puntos más importantes para el fortalecimiento de los partidos de alcance nacional, que es: la eliminación del voto preferencial. Entonces, ¿De qué fortalecimiento estamos hablando?.
Por ello, es importante generar una reforma integral, para que el cambio realmente ocurra, no una reforma parcial y antojadiza que no contempla frenar los problemas de fondo. Cuantos más ideas se pongan en juego, más eficaces serán los diagnósticos sobre la realidad nacional y más interesantes serán las propuestas para mejorar nuestra deteriorada clase política.
Sin sanciones estrictas, el dinero sucio se las arregla para entrar a los partidos y así también para que el mismo narcotraficante que auspicia una campaña, el mismo termine pagando la multa. Sin fortalecimiento real de nuestros partidos, las próximas elecciones serán nefastas y más de lo mismo, con gobernantes poco comprometidos y gobernados desconfiados.
En definitiva, todo parece indicar que el fin de quienes votaron a favor de esta prohibición, no es el de fortalecer a los Partidos Políticos, si no el de monopolizar el derecho de la participación política, una jugada avasalladora, de quienes parecen enarbolar – además- la bandera “democrática” en nuestro parlamento, y que estarían calculando estupendamente la balanza a su favor, con miras al 2021.
Susana Gutiérrez.