En 1977, la Asamblea General de la ONU, institucionalizó y globalizó el 08 de marzo, cómo el Día Internacional de la Mujer. Celebración repetida, anualmente, en varios países, desde el lejano 19 de marzo de 1911, fecha en la que millones de personas colmaron ciudades enteras en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, exigiendo el reconocimiento de derechos a las mujeres cómo el sufragio, el trabajo, la formación profesional y la no discriminación.
Más de un siglo que el mundo celebra el Día Internacional de la Mujer y echo en falta una jornada distinta, una jornada no conmemorativa sino una definitiva, una en la que las mujeres nos aleccionen respecto a la multiplicidad de roles que ejercen y su importancia en la humanidad.
Por ello, me ilusiona éste 08 de marzo, el del 2018, en el que movimientos, plataformas y colectivos feministas de todo el mundo han conseguido que 41 países reconozcan la jornada de hoy como la “Huelga femenina”. Es cierto que no hay uniformidad en cuanto a las actividades a realizar en los 41 países; algunos marcharán con diversos lemas (intentando hacer visible los principales problemas que aquejan a sus mujeres nacionales) y otros países han conseguido paralizar sus actividades laborales y estudiantiles, cómo en España.
España vive hoy una jornada histórica. Los movimientos femeninos consiguieron, en alianza con los sindicatos, darle a la huelga femenina el estatus de huelga general, con toda la implicación de derechos y responsabilidades que ella trae. Todas las personas que voluntariamente se adhieran a la huelga de hoy no tendrán que comunicarle a sus superiores, se les descontará el salario correspondiente a la jornada de huelga y el proporcional a la cotización de la Seguridad Social;asimismo, las empresas no podrán sustituir el trabajo de las huelguistas, de lo contrario, serán sancionadas.
El objetivo de la huelga es visibilizar que sin el trabajo femenino, remunerado o no, el mundo se detiene. La experiencia más exitosa de una huelga feminista tuvo lugar en Islandia, corría el año 1975 y más del 90% de mujeres islandesas, hartas de la discriminación y el abuso, paralizaron por completo su país; cuatro años más tarde eligieron a la primera presidenta islandesa y primera mujer en dirigir un gobierno democrático en Europa, VigdisFinnbogadottir.
No toda huelga feminista debe terminar con la elección de una mujer como presidenta, ni creo que sea el real objetivo de los colectivos feministas en el mundo. Hoy, leeremos cientos de frases recordándonos lo denigrante que es para la humanidad la violencia machista, el abuso sexual, la brecha salarial entre géneros, la desconsideración del trabajo doméstico, y otras muchas causas justas de ser atendidas; creo, que la huelga feminista estará cercana al éxito en la medida que la jornada de hoy nos ayude a reflexionar y que los restantes 364 días del año tratemos a las mujeres con los mismos derechos y libertades que nos reservamos para los hombres.
Por supuesto que a nuestra sociedad le hace falta una huelga feminista que derribe elvejatorio patriarcado laboral; no obstante, toda movilización que persigue un cambio social y cultural merece una estrategia que priorice las necesidades sociales. Lamentablemente, formamos parte de una sociedad que a diario registra innumerables casos de agresiones físicas y psicológicas a mujeres, violaciones (resaltando la depravación a las menores), hastafeminicidios; he ahí nuestros objetivos a corto plazo, sin perder la brújula, que el cambio cultural es el principal: las mujeres necesitan avanzar en la consolidación social de sus derechos y libertades (no se queden en una ley), a la par que nosotros (los hombres) retrocedamos en nuestros “privilegios”. Sólo de esa manera podremos vencer a la desigualdad y a la violencia; y, por fin, avanzar juntos.
José Carlos Urbina Suárez
Politólogo de la Universidad Complutense de Madrid (UCM)