Punto de Encuentro

CAMPAÑA PERMANENTE

Por Susana Gutiérrez Rivera.

Hablar de campaña permanente es hablar de comunicación política. Cuántas veces habremos escuchado estas frases: “si haces algo, comunícalo”, o “si no comunicas, no existes”. Y es que, no basta ganar, los gobernantes y políticos necesitan comunicar siempre y fidelizar a sus electores, respondiendo de esta manera a las necesidades y expectativas de quienes le brindaron su voto.

Haciendo un poco de historia y, como bien sabemos, son los estadounidenses los pioneros de dicho concepto de comunicación política: la campaña permanente; éste, fue un término acuñado por Pat Caddell, consejero del entonces recién electo presidente Jimmy Carter (70 - 80s). Fue cuando Caddell entregó un documento extenso en el que señalaba que las campañas ya no podían terminar con la victoria electoral, sino que era necesario seguir “seduciendo” a los votantes, a través de diversos programas y acciones.

Sin embargo, el entonces presidente Carter desatendió las sugerencias de su consejero, y fue recién años más tarde, en los 90s, cuando Bill Clinton decidió seguir con su asesoramiento estratégico de campaña, con el famoso: “cuarto de guerra o warroom”, y que contaba con considerables expertos en estrategia y demoscopia, que inclusive se encargaban de tomar las decisiones que parecían las más banales, como las vacaciones del presidente.

La anécdota cuenta que, para sus dos últimas vacaciones como presidente (B. Clinton), sus asesores encargaron una encuesta para concretar el destino de éstas. El resultado: la familia Clinton debió dejar de visitar una elegante isla de la costa este, como venían haciendo durante algunos años, para pasar a los paisajes montañosos de Jackson Hole, en el estado de Wyoming. La estratagema culminó con una foto de Clinton montado a caballo y luciendo un sombrero de vaquero. La imagen del Clinton soberbio pasó en minutos a la imagen de un personaje popular de clase media.

Clinton tuvo dos periodos, en comparación a Carter que sólo tuvo uno. Además la aprobación de Clinton, al término de toda su gestión fue del 76%, la más alta para un presidente de los Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial. ¿Juego de percepciones o estrategia comunicacional eficiente?. Lo que es cierto es que, si la comunicación es pésima o nula, se  nota y se desencadenan crisis, y en política se nota aún más. Sino miremos un poco la realidad peruana.

Son pocos los meses que quedan para el proceso electoral regional y municipal, y muchos de nuestros candidatos se desviven por “marcar la pauta” con gigantescos paneles y pintas en las avenidas más concurridas. La contaminación visual es tal, que no se dan cuenta que los vecinos se sienten atosigados de ello. No hay que ser grandes entendidos en el estudio de las percepciones para saber que la población está saturada de ver, cada vez, más caras con todo tipo de muecas y poses; y esto sin contar que esa misma población está hastiada de los partidos políticos y de políticos tradicionales.

En su expresión teórica, la campaña permanente  tiene el esquema siguiente: como los ciudadanos son cada vez más independientes políticamente y ya no hay fidelidad partidaria como antes, la campaña permanente sirve para mantener a la gente de su lado. Es por ello que la promesa de la campaña electoral debe traducirse en la campaña gubernamental constante, es decir, el mensaje debe responder y estar acorde al interés y la necesidad del ciudadano.

Estar en el ánimo y la buena aceptación del ciudadano requiere indudablemente de trabajo real, son las buenas causas (propuestas) las que movilizarán a las personas y a su vez las que identificarán a su equipo de campaña y futuros votantes.Vincular, identificar al vecino con la gestión es parte fundamental de este enlace poderoso entre el gobierno y el ciudadano.

Porque, ya no es el poder el que genera la comunicación, sino la comunicación la que genera el poder. Con sólo mirar la performance de los últimos gobiernos, nos daremos cuenta del divorcio entre lo que fue la campaña electoral y el gobierno en términos comunicacionales, lo que arroja un saldo lamentable. Los candidatos una vez en el poder cambian completamente de una actitud abierta – que durante la campaña sirvió para persuadir a sus electores – a una actitud distante de personajes acartonados a los que se les debe obedecer o rendir pleitesía.

Mantendrán el liderazgo y legitimidad aquellos líderes que, involucrados en la resolución de los problemas de la ciudad y de sus vecinos, comuniquen de forma asertiva y permanente; ellos marcarán la verdadera pauta. Aquellos que sostengan su campaña con propuestas realizables, y proyectos a corto, y mediano plazo, serán los que mejor carta de presentación tendrán ante los retos que a futuro les demanden. El buen vecino, el mejor ciudadano, esos son los conceptos claves de lo que busca hoy en día el votante.

Por ello, el gran reto de la comunicación política no solo es instruir y orientar profesionalmente, sino que ésta debe ser fundamentalmente una orientación ética para los líderes. Sin pedagogía no hay reformas. Recordemos que toda reputación o imagen parte de una percepción, y ésta a su vez se construye con comunicación sustentada en valores, y la comunicación no es opcional, es fundamental, tan vital como en todos los aspectos de nuestras vidas.

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