En 1993, Sergio Siragusa, representante del Perú en el consorcio italiano Tralima, encargado de la construcción del Tren Eléctrico, declaró ante un fiscal italiano, que Alan García se había beneficiado con una millonaria coima por dicha obra. Siragusa había depositado el dinero de la coima en la cuenta de un testaferro de Alan García, nada más ni nada menos que Alfredo Zanatti, dueño de la desaparecida aerolínea Faucett, quien se encontraba prófugo de la justicia peruana.
En febrero de 1995, Zanatti apareció en el Perú en el programa “La Revista Dominical” de Nicolás Lúcar (el periodista favorito de Fujimori y Montesinos) y contó con una serie de detalles cómo se había hecho el negociado y el depósito de las coimas. Reveló que Alan García le había dicho ¿Cómo es la mía?
Alan García se encontraba asilado en Francia, luego de que, en el autogolpe del 5 de abril de 1992 del dictador Fujimori, un comando militar asaltara su casa con la orden de capturarlo vivo o muerto, por lo que no pudo defenderse de la aplanadora mediática del fujimorismo, que había comprado la línea de todos los canales de televisión y de la gran mayoría de periódicos.
El 7 de enero del 2001, luego de caída la dictadura fujimorista, Zanatti vuelve a salir a los medios, pero esta vez para retractarse de las acusaciones contra Alan García y denunciar que la dictadura fujimorista lo había extorsionado para que lo culpará.

Resulta que antes de volver al Perú y declarar, Zanatti se había reunido en Costa Rica con el ex ministro fujimorista Augusto Antoniolli Vasquez; con el jefe del SIN, general Julio Salazar Monroe y con Esleván Bello, jefe de inteligencia de la FAP. En la reunión, los antes mencionados le dijeron a Zanatti que tenía que volver al Perú y acusar a Alan García, y que, si se negaba, involucrarían a su familia y a su hijo en los procesos judiciales que tenía. Zanatti aceptó y fue traído en el mismísimo avión presidencial para luego dar una entrevista exclusiva en un canal manejado por la dictadura.
Así se vino abajo una de las tantas infamias que el fujimorismo levantó contra Alan García, como también en 1991 se había venido abajo el famoso “Informe LARC” de Popy Olivera, quien acusó falsamente a Alan García de tener cuentas millonarias en varias partes del mundo. El “Informe LARC” fue desmentido por el periodista César Hildebrant, que nada de aprista tiene. Luego de ello, la dictadura fujimorista sacaría del aire el programa de César Hildebrant y lo reemplazaría por Nicolás Lúcar, quien terminó siendo sentenciado por poner su programa de televisión al servicio de la ilegal reelección de Fujimori.