Toda conversación sobre Vallejo, aún hoy, es pasible de terminar a trompadas.
Sus seguidores, sobre todo, los más enceguecidos, son tan fundamentalistas como intransigentes y tengo la impresión de que no tienen ninguna propuesta propia que sea más o menos valiosa.
Salvo Eielson que lo llamó "padre" en cierto poema famoso, los otros poetas peruanos de ese nivel han sido reacios a reconocer toda referencia o vínculo con el gran Cholo. Son de esta opinión, dos de los más connotados del último medio siglo, Rodolfo Hinostroza y Enrique Verástegui, quienes profirieron, en cuanta ocasión les fue propicia, que no le deben nada al autor de Trilce. Este detalle deberá ser considerado, siempre, por todos aquellos que creen en Vallejo como si fuese el mesías lírico de nuestra patria.
Del Cholo no se puede decir que era miserable o que hizo abortar varias veces a Georgette, ni que su originalidad arranca a partir de Trilce puesto que Los Heraldos Negros fueron deudores en demasía del modernismo ni que es, en sus puntos más altos, un poeta político. De hecho, aquellos que celebran al Vallejo lírico, indican que no es político en tanto que toda poesía es política y añaden galimatías y ridiculeces del mismo orden, ya que todas las afirmaciones en este sentido tienden a hacerle perder el vigor y la contundencia que exuda su última apuesta verbal.
¿ Por qué despolitizar a Vallejo ? ¿ Por qué dejarlo solo en la fase tan simple de ser un poeta lírico más ? ¿ Por qué denegar las posibilidades y vínculos que su obra tiene con la lucha revolucionaria ? ¿ Por qué intentar negar que le prendió fuego a la casa del juez Santamaría, si ese fue un gesto de pura indignación social, sin duda, perverso pero acaso legítimo y fundado ? En fin ...
Por otro lado, si se dice que era "llorón" hasta los teóricos del dolor en la obra vallejiana - vaya hallazgo tan singular y original - señalan que no era así y que Cisneros al llamarlo de esa manera era clasista, racista y, en el fondo, un gran envidioso.
Yo mismo, en instantes de súbita indignación patriotera y chola, he zaherido a los críticos de Vallejo pero quizás no hayan estado tan desencaminados, total, nadie ha negado la importancia del poeta santiaguino sino que solo han tenido la entereza de no frecuentar los predios lírícos del "vate universal"- como lo llaman los estrafalarios supremos de la órbita vallejiana- y de reconocer públicamente que nada le deben.
En literatura, cada uno es responsable de instalarse en la tradición que prefiera o que mejor se avenga a sus propias necesidades y capacidades. Por lo tanto, negar o celebrar a Vallejo dependerá de cada psicología y del grado de autoconciencia de cada poeta peruano sin que esto sea un elemento a tener en cuenta a favor o en contra de las obras de estos individuos.
Falsear la información de que C.V. es el mayor poeta peruano, así porque sí, es una broma que no debe sostenerse más, no por mero capricho sino porque hay otros que son excelentes aunque todos están inmersos en las coordenadas de la lírica pura. De hecho, casi ninguno de los grandes poetas peruanos ha frecuentado la épica, por ejemplo, y eso es para mí, un gravísimo demérito de todos ellos.
Lo interesante es que, en este sentido, aparecen varios Vallejos. Uno, sin duda, es el lírico dolido y cargoso que ha encandilado a no pocos observadores infelices de la desdicha y el llanto. Pero, otro es el poeta político, revolucionario y épico de España, aparta de mí este cáliz.
A título personal, el Vallejo que puedo releer es el de Poemas Humanos y los enormes poemas de su último libro, los que merecen ser señalados uno por uno: "Himno a los voluntarios de la República", “Batallas”, [“Solía escribir con su dedo grande…”, [“Los mendigos pelean por España”], "Imagen española de la muerte", “Cortejo tras la toma de Bilbao”, [“Varios días al aire, compañeros”], [“Aquí”], “Pequeño responso a un héroe de la República", "Invierno en la batalla de Teruel”, [“Miré el cadáver, su raudo orden visible", “Masa”, “Redoble fúnebre a los escombros de Durango", “¡Cuídate, España, de tu propia España!” y “España, aparta de mí este cáliz".
Heraldos Negros es casi un páramo de aburrimiento salvo por algunos pocos textos como En las tiendas griegas o Nostalgias Imperiales: "En los paisajes de Mansiche labra/ imperiales nostalgias el crepúsculo;/ y lábrase la raza en mi palabra..." ¡ Magnífico !
Y Trilce es entretenido en función del fraseo y las palabras pero hay pocos poemas que sean significativos.
Mi impresión es que ese libro - Trilce - es un ejercicio espectacular de técnica en búsqueda de un contenido. En cambio, Poemas Humanos es el punto de mayor equilibrio exhibido por nuestro poeta respecto de la técnica y el contenido.
Claro está, que aún falta llegar al punto más alto de la obra en cuestión porque España, aparta de mí este cáliz, llevó la poesía de Vallejo a un nivel mucho más amplio y elevado que la mera introspección y el lirismo suyo ya conocido. EADMEC le otorgó la posibilidad de dar voz a los deseos de una buena parte del mundo que se enfrentó a la barbarie absoluta del fascismo y, en compensación, brindó una propuesta que servirá para hacerle frente a todo lo que de bajo y canalla exista en la guerra y en el mundo.
Que la República perdiese y que Vallejo terminase sus días miserablemente en París, es una muestra de lo errada e injusta que, muchas veces, es la realidad pero que hayan subsistido estos dos libros, aun a contracorriente de los dos volúmenes previos, es, a su vez, una prueba de que la Poesía puede sobreponerse a todos los obstáculos, incluso a los que provienen del mismo autor y sus adeptos.
P.S.
¿ Por qué no existe una Fundación Vallejo en el Perú como sí existe una Fundación Neruda en Chile ? ¿ Acaso al peruano le cuesta reconocer el valor de sus compatriotas tanto como la crítica de aquellos a los que han erigido como sus ídolos ?
De verdad, la crítica de Clemente Palma no fue tan desacertada respecto del poema al que atendió - El poeta a su amada - sino, también, en relación a casi toda la extensión de Los Heraldos Negros. Sin embargo, dudo mucho que aun el máximo detractor y odiador de Vallejo niegue la imponencia y la trascendencia eterna de España, aparta de mí este cáliz.