Punto de Encuentro

¡La calle, no!

Siempre me incomodó estar presente en las reuniones de mi madre con sus amigas de promoción. Y es que al verme era la típica conversación: “pero qué alta estás, cómo has crecido”. De pronto, llegaba el bochornoso momento en el que a mi madre se le ocurría hablar de esas anécdotas de pequeña: “Una vez la dejé con su hermana y cuando regreso había cortado su ropa para parecerse a María Mercedes. Sí, la de la novela de Thalía donde hacía de mendiga”. “¡Jajajaja!”.

Pero mi travesura quedó allí para la risa durante años. Más tarde, mi madre comprendió que detrás de ese culebrón melodramático mexicano había una historia de pobreza que desde chica me cautivó. Siempre me identifiqué con la gente que trabaja en las calles, a los niños los observaba y muchas veces les regalaba mi propina. 

Sólo en el Perú hay un millón y medio de niños y adolescentes que trabajan, la mitad de ellos son explotados. Basta pasearse por el centro de Lima para ver en las esquinas como abundan esos cachetitos quemados por el frío. Según estadísticas el 50% de los niños que trabajan en la capital son del departamento de Huancavelica. 

En un solo día encontré a 14 personas de dicha región. En algunos casos me topé con madres que desde Diciembre están aquí vendiendo tunas y piñas en bolsitas. Así conocí a Yon Fref, un niño de 9 años que lava carros en la avenida Grau. Él es de Huancavelica y llegó a fines del año pasado para trabajar durante el verano. Al día saca 10 soles y eso lo ahorra para a fines de este mes comprarse sus útiles escolares y reencontrase con sus padres en su pueblo.

¿Cómo viniste aquí? ¿Quién te recomendó? ¿No te da miedo estar en la calle? Con la cabecita gacha me cuenta que es su segunda vez aquí y que ha visto dos atropellos.

El Programa Yachay del Ministerio de la Mujer lleva tres años rescatando a niños de las calles y los reinserta.  Un gran esfuerzo, pero no es suficiente. Huancavelica es el segundo exportador de trucha del país y posee un importante canon minero; sin embargo, su gente se muere de hambre.

Este fenómeno de migración temporal lleva más de diez años ocurriendo frente a la indiferencia del Ministerio de Transportes y de la falta de promoción de puestos de trabajo de los Gobiernos regionales. Esperemos que el próximo verano Yon Fred se quede en su pueblo jugando como los niños de su edad y sus padres entiendan que la calle no es su lugar. 

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