Punto de Encuentro

Austeridad judicial

Desde que entré a la Universidad y simultáneamente a hacer prácticas pre-profesionales en un importante estudio de abogados de aquella época, siempre  escuché que el Poder Judicial era la Cenicienta de la administración estatal, que su presupuesto era reducido, que no contaba con recursos para pagar adecuadamente a los magistrados y al personal de colaboradores, que sus instalaciones carecían de comodidades acordes con la importantísima función de administrar Justicia, y todos los años también se oía el reclamo del Poder Judicial en el Congreso de la República por más recursos presupuestales.

Por muchos años se nos repitió hasta el cansancio que era el Poder Legislativo el primer poder del Estado, pero cuando advertimos que el Poder Judicial puede dejar de aplicar normas tanto del Parlamento como del Poder Ejecutivo al considerarlas contrarias a la Constitución, evidentemente el primer poder es el Judicial ahora complementado con el Tribunal Constitucional.

Quiénes por años, sea como practicante o como abogado, hemos recorrido las instalaciones judiciales, en donde hasta para darnos la copia de alguna diligencia en que participábamos se nos pedía papel, y hoy también tinta para la impresora, pensábamos que ésa situación tenía que cambiar y que era impostergable darles a los magistrados apoyo logístico y locales en que no estuvieran hacinados y “muertos” de calor.

Empero hay contradicciones inexplicables como hacer una memoria del bienio 2015/2016 en un “libro de mesa” de cerca de 250 páginas, impreso a todo color, con papel de lujo, generoso en fotografías, y perfectamente empastado.  No conocemos si el costo del libro y su distribución salió del modesto presupuesto judicial o si le fue donado por terceros, pero cualquiera que sea la verdad, es francamente un desperdicio y desdice mucho de los lamentos presupuestales de tan importante poder del Estado. Bastaba haber colgado la memoria en la web del Poder Judicial.

En la memoria a la que nos referimos, hay el reiterado reclamo a la autonomía presupuestaria del Poder Judicial, sin lograr entender que el Presupuesto de la República tiene que estar balanceado, y que si no existen ingresos suficientes tampoco podrán existir egresos.  El Poder Judicial no puede pretender que se le asignen los recursos que quiera, aunque si distribuir con independencia los que le sean asignados.

En la misma memoria comentada también se relata la infinidad de carencias logísticas, de locales, de facilidades ambientales e incluso la necesaria actualización remunerativa.

Sin embargo, la impresión que nos deja a cualquier ciudadano al ver el libro memoria del Poder Judicial, es que no saben administrar los recursos que tienen, y que gastan en impresiones superfluas en lugar de invertir en mecanismos y facilidades que signifique que la justicia dejó de ser tardía.

Pero como cereza en torta, cuando uno pasa por el Palacio de Justicia, ve los carros lujosísimos marca Lexus estacionados en sus alrededores.  No señores, no visita el Palacio de Justicia el emperador de Japón, su Primer Ministro y Gabinete ministerial, se trata de los nuevos automóviles para los jueces supremos.  ¿Y así se quejan?

 

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