Punto de Encuentro

Hay un opinólogo en su cama

Hace falta más que la invitación de un medio de comunicación y un título académico para convertirse en un opinólogo; en verdad, se requiere de una filosofía propia, una visión personal de todo orden de cosas, como por ejemplo, la vida misma.

Siete años atrás frente al pelotón de profesores de una universidad, uno de los miembros del jurado pidió a un alumno que explicara el concepto de ética y moral según Platón, Sócrates y Aristóteles. El joven estudiante se atrevió a responder: “Aunque he leído sobre el tema, me interesa más saber qué pienso yo sobre la ética y la moral, que lo que haya pensado un hombre que vivió hace más de dos mil 400 años”.

Decía Lin Yu Tang en su obra La importancia de vivir: “Parece que estoy en camino de ser un filósofo de mercado, pero no lo puedo remediar. La filosofía, en general, me parece la ciencia de hacer que las cosas sencillas sean difíciles de comprender, pero puedo concebir una filosofía que sea la ciencia de hacer sencillas las cosas difíciles. A pesar de nombres como ¨materialismo¨, ¨humanismo¨, ¨trascendentalismo¨, ¨pluralismo¨, y todos los otros ismos muy largos, sostengo que esos sistemas no son más profundos que mi propia filosofía”.

Tiéndase en la cama y piense en esto, no solo hace falta tener el cartón que lo acredite como sociólogo para hablar sobre sociología; ser psicólogo para hablar de su alma y el alma de otros; graduarse como economista para atreverse a hablar al respecto; hace falta la preparación intelectual. Leer de todo, como primer mandamiento. Muchos pasan por las aulas y solo leen lo que el profesor manda. Así, el ingeniero solo puede hablar de ingeniería, y el doctor sobre medicina. Solo ven hasta donde les enseñaron a ver.

Ante la aparición de espacios de opinión como Político.pe, El Montonero, Punto de Encuentro, entre otros –estos dos últimos me brindaron y brindan la ocasión de publicar mis columnas- debemos destacar la aparición de voces jóvenes que, sin duda, refrescarán las páginas de opinión con la mirada de una nueva generación.

Existe el deber de escucharnos más y, además, el diálogo es vital para la consolidación de una democracia. Siempre he estado en contra del divorcio generacional, por ello la necesidad de escucharnos todos y todas, aprovechando las posibilidades de la tecnología de la comunicación que está democratizando más los espacios de opinión.

Cuentan que la primera columna que escribió el alumno del cual hablábamos en líneas anteriores, fue a los trece años. Leyó Horas de lucha de Manuel González Prada; escribió, imprimió y guardó la hoja en una sobre que dejó en el diario El Comercio. Sin embargo, nunca lo publicaron. ¿Quién publicaría lo que escribiera un adolescente de segundo año de secundaria? Hay quienes cuanto más hablan, más confusos nos dejan. Tiéndase en la cama, y piense en ello; de pronto hay un opinólogo en su cama. 

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