El aprismo surgió bajo el principio de estudiar la realidad de su tiempo, proponiendo los cambios políticos necesarios para el país de acuerdo a su momento histórico. Esta fue la diferencia de origen respecto a las posiciones políticas anquilosadas en el tiempo de derechas y las llamadas izquierdas comunistas, que fracasaron con sus ideas trasnochadas del siglo XIX y proyectos importados de la realidad europea.
Hoy cercanos a cumplir noventa años de fundación, el Partido Aprista Peruano debe asumir su voluntad de renovarse para continuar siendo la institución referente de la política peruana, teniendo la sagacidad de saber leer la realidad actual y los nuevos desafíos que demandan el espacio tiempo histórico en que vivimos.
Así como Haya de la Torre propuso su tesis antiimperialista, entendiendo la dominación del imperialismo y su alianza con la oligarquía nativa dominante que controlaba el Estado nacional de ese entonces, hoy el aprismo debe tener como tarea renovarse mediante la actualización de los estudios de realidad del país, la modernización de su oferta política y la reconstrucción de su aparato militante que le permita a lo largo del territorio nacional la relación de partido sociedad, planteando una propuesta realista que posibilite a los peruanos tener las oportunidades a lo que les da derecho el nivel tecnológico actual.
Una primera etapa para un programa de modernización del APRA, debe ser contar con una organización de militantes formados políticamente y con capacidad de ejercer distintas tareas de gobierno a nivel local, regional y nacional, desarrollando programas de capacitación que comprendan desde la inducción a los nuevos militantes que ingresan al partido, hasta la formalización y la especialización en el estudio de la política y de la gestión pública.
El APRA debe acercarse y convocar a los jóvenes, a los peruanos de buena fe, a los emprendedores, los estudiantes, los campesinos, los obreros del campo y la ciudad para participar en un proyecto que permita que el Estado peruano asuma su función de generar bienestar para todos. Que la gestión pública sea honrada y eficiente y que el estado sea promotor del progreso y oportunidades.
Una segunda etapa implica cambiar la forma estática de acercarnos a los sectores de la ciudadanía principalmente a los jóvenes. No debemos esperar que los jóvenes lleguen al APRA sino llevar el partido hacia ellos. En ese sentido, se debe concebir un ‘APRA itinerante’ que se acerque a los ciudadanos con nuevas formas, tendencias y tecnologías de la información audiovisual y que se dé con el trabajo descentralizado de sus militantes en cada espacio territorial o digital.
De esta manera, generaríamos un valor agregado en cada militante aprista, haciéndolo imagen y embajador del partido, en sus centros laborales, universidades, colegios y barrios. Asimismo, tendríamos militantes preparados, integrados y comprometidos con la causa de nuestro partido siendo la base para un fortalecimiento institucional y una futura democracia interna.
Por último, a nivel macro el Partido Aprista Peruano como la institución política más antigua y organizada del país debe ser el pilar para afirmar el régimen democrático y modernizar la política y para lo cual se requiere el desarrollo y fortalecimiento de la ciudadanía y de las instituciones políticas. Hoy el Perú cuenta con una ciudadanía condicionada e influenciada por los medios de comunicación y una acción política débil. De allí que el aprismo como partido político debe cumplir su tarea de formación para la acción política y de gobierno.
En armonía con lo expuesto hoy nos corresponde en vísperas de un Congreso Nacional, plantear estas propuestas concretas, que permitan al partido superar la actual situación de estancamiento y pasividad política, hacia una institución dinámica y moderna referente de la política actual.