Punto de Encuentro

Terrorismo Biologico

26 Mayo, 2020

El terrorismo y la sociedad

El terrorismo es la actividad organizada de impulsar, mediante diferentes metodos de amedrentamiento e intimidacion, una determinada agenda. Normalmente con fines políticos ulteriores. La estrategia del terrorismo, en ese sentido, tiene dos ejes. Por un lado, busca inflamar un sentido de indignación y rechazo a aquello contra lo que el terrorismo se enfrenta. Así, busca validar el uso de métodos violentos y destructivos como herramientas válidas para la reforma de las instituciones que producen el rechazo del grupo terrorista.

Por otro lado, busca desarticular las respuestas organizadas del orden establecido, mediante el uso de la violencia y el miedo    . De este modo, una organización terrorista puede generar la desarticulación de los aparatos de policía a partir de ataques estratégicamente diseñados para demoler la moral institucional y producir el pánico entre las fuerzas del orden y público en general.

Cabe resaltar que, si bien es cierto que las estrategias terroristas han sido empleadas principalmente por grupos radicales incapaces de afirmar sus ideas por vías democráticas, no son inusuales los ejemplos de gobiernos democraticamente establecidos que recurren a estategias del denominado “terrorismo de Estado” para afirmar su poder.

El éxito de una táctica terrorista radica en la posibilidad de lograr la mayor cantidad de adeptos posible, paralizando la capacidad de resistencia mediante el miedo. Una vez alcanzado el punto de equilibrio entre ambos objetivos, las instituciones asediadas por el terrorismo terminan colapsando sobre si mismas. Esta dinámica plantea un balance complejo, puesto que el método empleado de violencia y sus consecuencias pueden terminar deslegitimando la autoridad quien ejerce los actos terroristas ante el grueso de la población. Los terroristas dependen en gran medida de la tolerancia e indiferencia de sus opositores y de la aceptación, ya sea expresa o tácita, de sus métodos e ideales.

A lo largo de la historia, el mundo ha sido testigo de diferentes mecanismos empleados para infundir el terror y el pánico. Los métodos empleados varían dependiendo de quien los comete, del alcance e impacto que el mensaje impulsado deba tener y de la capacidad belica de la organizacion que recurre a estos metodos. Hemos visto atentados con difrentes tipos de bombas, personas explotandose a si mismas al interior de instituciones religiosas, empleo de mecanismos de tortura, decapitamientos en vivo, hasta el famoso atentado a las torres gemelas el 11 de septiembe del 2001.

Bioterrorismo: Un nuevo enfoque

Sin embargo, en tiempos de COVID 19, corresponde reflexionar sobre las implicancias del riesgo biologico y su aplicacion como metodo de terrorismo. Esta variante del terrorismo es conocida como “bioterrorismo”. Consiste en una tecnica especializada de terrorismo. Data del mundo antiguo, donde se emplearon diferentes tipos de venenos, animales y vegetales, para llevar a cabo asesinatos de personas públicas o con valor estratégico. Asimismo, la historia recoge historias de civilizaciones que, ante la guerra, conducían a sus propios pobladores infectados con alguna plaga hacia tierras enemigas, para contagiarlos.

Llegado el siglo XX, esta técnica se ha ido afinando e instrumentalizando. Son varias las historias de la primera y segunda guerra mundial de infiltrados que buscaban esparcir enfermedades entre el ganado y los animales que ayudaban con el desarrollo social, como los caballos. Particularmente, Alemania desarrolló un programa de armas biológicas que cobró protagonismo en la primera guerra mundial.

Sin embargo, no es hasta la guerra fría que la industria bio armamentista logra su apogeo. Tras los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki y la demostracion del inminente poder de las armas nucleares, el desafio de la carrera armamentista era encontrar un arma lo suficientemente poderosa como para hacer frente al poder nuclear.

El poder de las armas biológicas desde entonces ha sido desarrollado, pero en escala estrictamente teórica. Esta afirmación debe tomarse con pinzas. En la práctica, se han desarrollado mecanismos de difusión y dispersión de enfermedades altamente letales, que van desde bombas biológicas hasta complejos sistemas capaces de infectar el suministro de agua de una ciudad entera.

Sin embargo, aunque en el mundo han habido ciertos ataques de bioterrorismo, asociados principalmente a envío postal de enfermedades, lo cierto es que el mundo no ha presenciado jamás el panorama un ataque biológico a gran escala, más allá de las especulaciones teóricas a las que hacía referencia. El potencial destructivo de las armas biológicas era estrictamente territorio de la ficción. Hasta los días del coronavirus, eso es.

Con los brotes de coronavirus a nivel mundial, la incapacidad generalizada de los aparatos de salud del mundo de dar una respuesta adecuada, las cifras de contagiados y muertos ascendiendo de modo exponencial y la ausencia de indicadores de una solución en el corto y mediano plazo, a quedado expuesta sin pudor la fragilidad de las estructuras e instituciones de la sociedad contemporánea.

Panoramas y horizontes del bioterrorismo: Escenarios hipotéticos a considerar

La ausencia de datos científicos confiables, las intrigas entre gobiernos, los casos de corrupción, la falta de solidaridad social, la sensación de incertidumbre total y el sombrío panorama de desolación y muerte que ha dejado este virus están construyendo un fuerte estímulo social, agudizando las contradicciones subyacentes a la sociedad que se venían denunciando desde antes de la pandemia.

Imaginemos ahora un escenario en el que una agrupación terrorista anuncia al mundo que tiene en su poder un agente bioquímico de características similares al COVID 19 y está preparado para soltarlo en 10 capitales del mundo de modo aleatorio, si no se accede a sus demandas. El supuesto agente bioquímico podría ni siquiera existir. Pero, la idea de que exista la posibilidad de que se desencadene una situación como la que estamos viviendo hoy en día será un factor de movilización social radical. Muchos acataran las demandas de los terroristas sin cuestionamientos.

La gran amenaza el bioterrorismo es que encuentra se sustenta en el núcleo duro de los elementos componen el miedo en las personas: el desconocimiento y la muerte. Establecida la noción concreta de como luce el panorama mundial tras un evento de pandemia causada por un agente biológico, el terrorismo va a cambiar. Ya no se tratara de la tradicional imagen sórdida de lo que ha sucedido efectivamente, como un bombardeo o un decapitamiento. Sino que se va a empezar a instrumentalizar la imagen de lo que podría llegar a suceder. Entre la ficción que se puede construir en las cabezas de quienes sean pasibles de bioterrorismo y el recuerdo estigmatizante de estos nefastos días de coronavirus se podría motivar a respaldar casi cualquier idea, por más radical que sea. El miedo a la enfermedad prevalece.

Imaginemos ahora un gobierno dictatorial que emplea cuarentenas obligatorias para “proteger” a la población de una determinada enfermedad. El recuerdo de la presente pandemia puede jugar un rol clave en que la población respalde estas medidas. De este modo, el bioterrorismo se prueba como una táctica más que eficiente para la afirmación del poder gubernamental. Recordemos que en los contextos de cuarentena el gobierno se recubre de prerrogativas de ejercicio de poder con las que normalmente no cuenta. Asimismo, este mismo método de miedo puede ser empleado para el manejo de los cronogramas electorales y los mecanismos de votación, profundizando aún más el poder del gobierno y el miedo del pueblo.

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