Punto de Encuentro

El Apra entre dos orillas ochenta años de aprismo

Punto de Encuentro tiene el honor en hacer la entrega de la 2da parte de la Introducción del libro “EL APRA ENTRE DOS ORILLAS, OCHENTA AÑOS DE APRISMO”, del Dr. Hugo García Salvatecci, en su 2da edición.

En esta segunda parte, Garcia Salvatecci hace un repaso del complejo andamiaje filosófico e ideológico en los que se sustenta la doctrina Aprista: la filosofía analítica, la dialéctica hegeliana, la centralidad de lo “humano” y de la defensa de los derechos humanos en las situaciones que fueran, el Estado y el antiimperialismo, para –con todo ello- proponer un balance del Aprismo acorde a la realidad de nuestra época.

 Cierra la Introducción con una “confesión de parte”, donde reafirma su convicción ideológica como su rigor y objetividad de pensamiento, a pesar de las duras horas vividas.

El Apra entre dos orillas ochenta años de aprismo Precisiones a la segunda edición (parte 2)

HUGO GARCÍA SALVATTECCI

A Alejandro,

Mi amadísimo nieto

Introducción

Las nuevas corrientes filosóficas

Haya de la Torre me recomendó el estudio de la Filosofía Analítica y de la Lógica Matemática pero insistiendo en no quedarse con el formalismo mecanicista, yendo al mismo espíritu de dichos planteamientos que nos conducen al viejo ideal escolástico de "distingue frecuente", sobre todo a través de la moderna teoría de los niveles del lenguaje que, entre otras cosas, nos patenti­za el alcance y el límite de las ciencias y, con mayor razón, de las ideologías. En este libro me apoyaré en ellas.

En "La Ciencia Moderna y el Anarquismo", el príncipe Kropotkin señalaba los insalvables límites de la dialéctica hegeliana cuando pretende interpretar la realidad científica, pues al no ubicarse en su respectivo nivel de lenguaje que es el histórico, su intento sólo conduce a sofismas e ingenuidades, en las que cayó fundamentalmente Engels.

La dialéctica hegeliana, a pesar del tiempo transcurrido, continúa siendo un excelente método de interpretación histórica. Cómo método es insustituible, por ejemplo, para interpretar la historia de las matemáticas o la historia de la física, pero ¿cómo se podría "construir" un sistema determinado de matemáticas o de física señalando que no hay nada absoluto por lo que habría que rechazar axiomas, postulados y teoremas o leyes? El pretender, pues, transportar la dialéctica a la ciencia conduce no sólo a contradiccio­nes, sino a asumir posiciones seudo intelectuales propias de una ingenuidad mayúscula.

Creo que el método más adecuado para interpretar la realidad concreta es la fenomenología propiciada por Husserl, prescindiendo de sus posiciones metafísicas, que nos lleva más que a definiciones dogmáticas a descripciones científicas de los hechos. Procuraremos más describir que definir los diversos temas planteados, propiciando que sea el lector, en todo caso, el que se proponga su propia "intuición eidética" del asunto.

Proudhon, gran precursor de la gnoseología contemporánea, cuando describe el lado bueno y el lado malo de las diferentes "fuerzas sociales" se ubica dentro de la fenomenología contemporánea y deja a un lado el dogmatismo, tan difundido entre los socialistas de su época, que partían de definiciones inmuta­bles y, por ende, poco dialécticas.

Es lo “humano” lo que debe prevalecer

Los temas a tratar son diversos. En primer lugar, hay que revalorizar perentoriamente lo humano en toda su inconmensurable complejidad y riqueza. Es la defensa de lo humano la que lleva a mostrar los estrechos límites de la política y de las ideologías, y su carácter histórico, y, por ende, mortal.

La libertad, y la plena realización individual son los únicos fines a los que debe tender toda organización social. Pero, al mismo tiempo, y al margen de su condición de fines, son los auténticos requisitos de cualquier sociedad en la que realmente valga la pena vivir. A dichos fines y requisitos es a lo que se deben subordinar la política y la ideología y no a la inversa. Todo ello recuerda la circularidad de Hegel.

Los plenos derechos de la individualidad sólo son posibles en una sociedad que se apoye en lo que se denomina "el estado de derecho". Si la ley no es igual para todos, si se persigue a algunos porque no participan de una posición política determinada y se es condescendiente con otros, incluso con los que han cometido horrorosos crímenes, de nada vale mostrar las ventajas materiales que haya podido producido un régimen para justificarlo histórica y moralmente.

Por otro lado, si no se da una plena indepen­dencia de los poderes públicos y de las instituciones constitu­cionalmente autónomas, como sería el caso del Ministerio Público, de la Defensoría del Pueblo y del Poder Judicial, se estaría en el camino de la prepotencia y de la arbitrariedad y no dentro del imperio de la Ley.

Los derechos humanos

Se debe insistir hasta el cansancio que los “derechos humanos” son independientes de la situación o posición de las personas individuales que estén en juego. Incluso se deben respetar cuando esté de por medio a quien se considere el más feroz delincuente. Si se pretende defender los “derechos humanos” en función de las personas, sólo se hace política con ellos.

Es esta la mayor crítica que yo personalmente podría hacer a la que fuera la oposición, aunque en algunos casos sólo aparente, del Gobierno del Presidente Fujimori, y también a algunas instituciones como sería la Defensoría del Pueblo, el Colegio de Abogados de Lima, y a la Coordinadora de los Derechos Humanos pues algunas veces sólo hicieron política con el tema del “estado de derecho” y de los “derechos humanos”, al haberse negado sistemáticamente a defender los derechos humanos en los casos en los que no había la posibilidad de algún rédito político. Cuando publiqué el libro sobre el folclórico proceso congresal y judicial del que fui víctima, el lector tendrá las pruebas de mi afirmación.

La superación de una época histórica

El tema de la superación histórica del Marxismo está también vinculado a la superación de una ciencia, de una filosofía, de una economía, de una visión de la historia y hasta de una visión del hombre. La Historia ha superado no sólo al Marxismo, sino a un modo de pensar. No basta reconocer que el Marxismo política­mente se ha hecho anacrónico. Esto es sólo consecuencia de algo más profundo, es la perspectiva teórica y práctica en la que se apoyaba dicho movimiento la que devino anacrónica. Lo grave es que esta mentalidad se proyectó incluso en círculos no marxistas, como sería el caso del Aprismo, por lo que el cambio de mentalidad es tarea de todos. La "metanoia" griega sigue teniendo plena vigencia.

No porque el padre haya muerto tiene que resucitar el abuelo. Hay que tener mucho cuidado con el neoliberalismo a ultranza, entre otras razones por el neo-marxismo que podría generar, por la simple aplicación de la ley histórica de “corsi e ricorsi” descrita por Vico.

En este punto el tema central es precisar, de modo claro y distinto, el papel que debe cumplir el Estado en una sociedad. Considero que, en este punto, la doctrina más lúcida es la que se encuentra en las Encíclicas Sociales de la Iglesia. En ella trataremos de apoyarnos.

El Imperialismo concluyó su ciclo

El Apra siempre se definió como antiimperialista. Pero, ¿de qué imperialismo se habla? No se puede tener una posición coheren­temente antiimperialista sin señalar previamente de que imperia­lismo se trata. Y si algo fue cambiado radicalmente en estas últimas décadas es precisamente el fenómeno imperialista; mientras que el antiimperialismo aprista se ha mantenido fundamentalmente congelado, en el mejor de los casos, en "Treinta años de Aprismo".  El “imperialismo” es una etapa de la historia de la humanidad que ha sido superada por el fenómeno de la globalización.

El tema de la globalización nos obliga a discernir si cuando hablamos de imperialismo, nos ubicamos en el presente o sólo en el pasado.

Los temas tanto del nacionalismo como el de la integración de los Estados revisten una creciente vigencia frente al fenómeno de la globalización y por las tristes experiencias que desde hace algunos años está viviendo Europa y el Medio Oriente y por ser el punto de partida de los últimos movimientos populistas aparecidos en nuestras tierras.

El despertar de algunas nacionalidades europeas, que se mantuvieron durante décadas adormecidas y dominadas, tal como sucede también en muchos de nuestros países latinoamericanos, nos debe llevar seriamente a la reflexión. Habría que reconocer que seguimos viviendo bajo un volcán, a pesar del aparente fracaso de politizados movimientos insurgentes que, por desgracia, no están tan sofocados como reiteradamente se había señalado.

Llegó el momento de hacer un balance de una etapa del Aprismo

El tema de la justicia social tendrá siempre vigencia, por más que deba ser tratado de modo científico y realista. Para la Iglesia, lo que justifica moralmente la presencia del Estado en una sociedad es la defensa de los pobres y de los oprimidos. El tema de la justicia social sigue siendo el más angustioso en nuestro país. Pero si hay un tema en el que es difícil no caer en el campo de la demagogia es en éste.

Estrechamente vinculado con el tema está el de la auténtica democracia de "pan con libertad" que el Apra siempre propició, y que es uno de los puntos que se encuentran en su haber.

Ha llegado el momento de hacer un constructivo análisis crítico del pensamiento aprista, estudiado genéticamente, para descubrir su espíritu y sus propósitos que deben mantenerse, y todo aquello que pertenece solo a la “letra” que ha quedado sepultado con una etapa histórica fenecida.

El presente trabajo sólo pretende ubicarse dentro del análisis de lo que ideológicamente es vigente en el APRA y lo que ha sido superado por la historia, esto es, hacer un “balance histórico” de la doctrina aprista, nada tiene que ver con las vicisitudes históricas del Partido Aprista Peruano (PAP).

Pretende ser una meditación de lo que debería ser nuestra democracia en el milenio que se ha iniciado.

Confesión de parte

También quisiera precisar, de modo claro mi relación con el Apra. Como es de público conocimiento nací en un hogar aprista, durante mi infancia y juventud estuve vinculado con los grandes líderes históricos del Apra, y el público aprecio que siempre recibí de ellos me sigue abrumando. Pero nunca he sido dirigente del PAP, incluso, como también es de público conocimiento, nunca he sido visto con buenos ojos sino con suspicacias por muchos de sus dirigentes, después de la muerte de Haya. Incluso, alguna vez, por la posición pública que tomé frente al tema de la estatización de la Banca, fui denominado por un dirigente del Partido como “la oveja descarriada del APRA”, y Manuel Ulloa me definió como “aprista atípico”.

Durante diez años sufrí una de las persecuciones políticas más despiadadas, en las que debo reconocer que inicialmente sólo fui un mero instrumento, pues ellas iban dirigidas exclusivamente contra mi hermano el Mayor ® José Antonio Fernández Salvattecci. Posteriormente descubrí que no fue ese el real motivo, sino el intento de ponerme como “chivo expiatorio” para robarse el dinero de los claeístas, en complicidad con la Superintendencia de Banca y Seguros.

En esos momentos, jamás recibí ni el apoyo ni la solidaridad del Apra, ni siquiera cuando fui brutal y cobardemente agredido en mi propio domicilio por el “grupo Colina”, el 22 de febrero de 1995, cuyas consecuencias todavía la sigue sufriendo mi columna vertebral.

Incluso cuando fui injustamente detenido durante seis horas, recibí las llamadas telefónicas de solidaridad del Presidente Fernando Belaúnde, del Dr. Bedoya Reyes, del entonces Cardenal de Lima, de mi gran amigo Jorge Del Prado, entre muchísimos otros, pero de ningún líder aprista. En ese entonces recordaba que cuando el Apra era grande era porque pensaba a lo grande y con grandeza, y su lema era “A más calumnias, más aprismo”. Mientras que cuando el Apra se empequeñeció su lema, tácito aunque real, era: “A más calumnias, menos competidores”.

En abril de 1997 fui inconstitucionalmente acusado por el Congreso ante la Corte Suprema. No tuve un debido proceso, pues fui investigado por una comisión fantasma que no había sido nombrada por el Congreso y sin que existiese denuncia previa:

Durante varios años no sólo yo sino toda mi familia fue investigada tanto en el Perú como en el extranjero para ver de qué se me podía acusar, sin haber sido nunca notificado y sin que se descubriese absolutamente nada para podérseme acusar.

Se utilizaron métodos “nazis” de investigación, apoyados en la mentira, en la amenaza y en el chantaje, llegándose hasta la adulteración de informes, y con un asesinato de por medio (vinculado al cobarde atentado que sufrí en mi propio domicilio).

Se me negó el acceso para conocer el expediente, aduciendo públicamente que no se me podía dar esa ventaja por ser inteligente.

No se me citó para que ejerza mi defensa ante la Comisión Permanente, donde me presenté, acompañado por mi hermano el Mayor ® José Antonio Fernández Salvattecci, sin haber sido citado y sin conocer de qué se me acusaba.

Finalmente, en el pleno del Congreso, tuve que contestar una denuncia no sustentada ni formulada, porque ningún congresista se atrevió a enfrentarse conmigo en público y ante las cámaras de Televisión.

El Partido Aprista Peruano nunca dijo nada frente a estos atropellos. Más aún, cuando se votó por la acusación, la pequeña Célula Parlamentaria Aprista, pequeña no sólo por aspectos cuantitativos, votó “por transparencia” a favor de la acusación, sin tomar en cuenta el irreparable daño económico y moral que se hacía a mi familia. Sólo recibí la solidaridad de congresistas no apristas, especialmente del Dr. Alfonso Grados Bertorini y de Rolando Breña Pantoja, amigos auténticos de toda la vida.

Señalo todo esto para que el público lo tenga debidamente en cuenta al preguntarse por la objetividad de mis reflexiones y testimonios y, sobre todo por mi terca lealtad al APRA.

En todo caso, debo confesar que nací en una familia aprista, pero me eduqué en un ambiente básicamente anti-aprista, al igual que lo son los círculos que he frecuentado mayoritariamente durante mi vida. Tengo, pues, el privilegio de conocer de cerca las dos posiciones, y poder dar testimonio de lo mucho de honestidad que hay en ambas actitudes, más emocionales que racionales.

Tal vez es interesante recordar el espíritu que animó a Luis Alberto Sánchez a militar en el APRA, que quedó plenamente plasmado en su artículo titulado "El Drama de la Orientación" que fuera publicado en el Nº 23 de la Revista de la Universidad de La Habana en abril de 1939:

                        "Reaccionaba mi juventud, en nombre de muchas moceda­des análogas, contra el mito que las deslumbrara hasta entonces. Otras peripecias mentales me pusieron frente a frente a lo social. Todo aquello fue preámbulo de mi preocupación social, incipiente ya en 1927. Sentía entonces que algo nuevo nacía en mí. Una fuerza que poco a poco barría con prejuicios y con fetiches antiguos. Y en 1930, me hallé plenamente en el Aprismo. Fue mi reencuentro y mi renacimiento. Cuando en 1931, tras ocho años de destierro volvió al Perú Haya de la Torre, jefe de nuestro movimiento y de nuestro partido, sentí el estímulo y el acicate de una conducta que, sin blasfemar inútilmente de los estéticos, puso lo ético y lo económico - que es ética también, por cuanto persigue la justicia social - como mascota de proa de su navío".

Es precisamente lo que busca el presente libro: ser una invitación a que renazca el auténtico espíritu, y con ello no hablo de sus dogmas, que animó la creación del Apra. Tal vez, sea este el camino para que nos reencontremos nuevamen­te con nosotros mismos al tomar conciencia que se debe mantener incólume sus ideales de buscar la justicia social dentro de una auténtica fraternidad de todos los peruanos, lo que hoy día requiere una nueva reorganización de la democracia.

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