El Covid-19 nos ha desafiado.

Por Roberto Rendón Vásquez.

El 6 de marzo llego la Pandemia al Perú y encontró graves imprevisiones en el Estado y la sociedad que han puesto en evidencia severos problemas jamás resueltos. Ellos son la salud, la educación, la economía, el trabajo, la responsabilidad colectiva e individual, la seguridad. El precio a sólo 155 días son 20.844 fallecidos, un promedio diario de 134.

Nuestros gobernantes jamás se han preparado para enfrentar graves problemas de salud como esta pandemia. Los hospitales están colapsados y se los encontró con carencia del debido equipamiento y provisión de medicinas para casos de emergencia; en provincias el problema es alarmante, hay hasta escases de personal médico y para medico; los pacientes incluso mueren en sus puertas.

Nuestros niños, adolescentes y jóvenes estudiantes aun no inician formalmente sus clases a pesar que ya estamos en el segundo semestre. La denominada educación a distancia no da resultados al 100% de alumnos. Solamente el 40% puede acceder a equipos de cómputo. Los locales educacionales en su mayoría son inoperantes para casos de pandemia y otros desastres.

Nuestra economía está colapsando. La producción de bienes y servicios está virtualmente paralizada. Hasta la minería, la pesca, los centros fabriles importantes y negocios significativos no operan normalmente y su producción esta notablemente disminuida. Ello repercute directamente en el desprendimiento de la mano de obra y administrativa y consecuentemente ese personal tiene carencia de medios de subsistencia. Aquí comienza la desesperación por que al no haber medios de consumo habitual la producción de bienes y servicios disminuye. Comienza la rueda a girar adversamente.

Crece la informalidad que genera desorden en la población. No hay organización, disciplina ni conciencia colectiva ni individual. El virus se extiende.

La falta de orientación a los que pidieron “viajes humanitarios” no sólo produjo focalizaciones humanas en los transportes: Resultado han llevado el virus a sus provincias.

Hasta la seguridad ciudadana se ha incrementado a pesar que adicionalmente a la policía las Fuerzas Armadas contribuyen al orden.

Esta Pandemia nos esta mostrado la incapacidad de los gobernantes de antes y de ahora. Ni siquiera los hizo recapacitar las experiencias del terremoto de Pisco del 2007 ni el fenómeno climático del “El Niño Costero” del 2017 que constituyeron eventos naturales catastróficos sufridos en Perú en las últimas décadas para estar preparados y organizados en todos los aspectos de la vida nacional y estar prevenidos para afrontar desastres.

Que nuestros gobernantes usen la inteligencia.

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