Punto de Encuentro

La política latinoamericana y el antiimperialismo

17 Agosto, 2020

El panorama mundial ha tenido una serie de cambios drásticos en los últimos meses. Cambios que no eran sospechables, porque sucedieron de modo repentino y respondieron a una coyuntura mundial que sobrevino de modo abrupto e indetenible. Hablo por su puesto de la pandemia de coronavirus.

En estos meses, se han agudizado las tensiones entre las grandes tendencias imperialistas del mundo: China y sus aliados por un lado y Estados Unidos y los suyos por el otro. Como ya han comentado algunos conocedores de la política internacional, se está cocinando una petit guerra fría.

La pandemia ha arrinconado al gobierno del presidente Trump en términos del manejo sumamente imprudente, las muertes, los contagios y el desempleo masivo. Por su parte, el gobierno chino está capitalizando la situación, fortaleciendo su posicionamiento en América Latina y el Caribe, mediante inversiones inmensas de capital económico y humano. Todo ello, a pesar de la polémica generada en torno al origen del virus.

En medio de este panorama, el Perú parece un actor secundario. Sin embargo, la mesa está dispuesta para que con una gestión competente y con gran liderazgo, nuestro país cobre un nuevo protagonismo en la escena mundial. Los llamados a brillar en este momento son los dirigentes partidarios y líderes de organizaciones sociales de ancha base.

Sin embargo, cuando nos volteamos hacia los partidos tradicionales como Acción Popular, el PPC, el APRA y las izquierdas, vemos que todos están zozobrando con problemas de organización interna. La fuerza política más consolidada no aglomera 15% del electorado y nadie parece tener ideas.

Caso particular es el del Partido Aprista Peruano. Este partido, por su legitimidad histórica y por el contenido nuclear de su propuesta ideológica y programática, debería tener una posicion desde la democracia social para hacer frente a estos nuevos imperialismos. Sin embargo, vemos que sus dirigentes nacionales se encuentran encarnizados en una disputa sin sentido, como lo hicieran Townsend y Villanueva en su momento. De esta lucha fratricida no puede salir nada positivo, ni para el partido de la estrella ni para el Perú.

Situación similar se aprecia en Acción Popular, donde la línea histórica está largamente perdida y los grupos internos replican una conducta canibalística, donde los más grandes buscan devorar sin piedad a las corrientes de oposición. Sin embargo, ninguno de los liderazgos es claro y la lucha se ha judicializado de modo bastante desagradable.

Al igual que la época del guano y la época del caucho, se nos está ofreciendo una oportunidad de lujo en medio de la pandemia. Es cierto que hasta ahora no hemos sabido sacar provecho de esta oportunidad, siendo rebasados largamente por los contagios y la crisis económica. Sin embargo, aún no es tarde para salir airosos de esta situación.

Para ello, las fuerzas políticas van a tener que sincerar sus apetitos clientelistas y su avaricia de poder y dinero, para poder materializar de modo práctico los ideales abstractos representados en el acuerdo nacional. Esta instancia de la organización social debe dejar de ser un saludo a la bandera y debe dar pie a decisiones consensuadas que permitan dar paso a un nuevo mañana.

En la tradición latinoamericana existen varios ejemplos de lucha indómita e insurrecta contra los poderes mundiales que consideran que américa latina es solo un peón en un ajedrez mundial más complejo. En los procesos electorales venideros, todos tenemos una obligación de resistir estas influencias y votar a personas con propuestas antiimperialistas. Solamente así se podrá concretar el posicionamiento peruano y latinoamericano en la escena mundial. Necesitamos de una radicalización de la democracia que permita, de una vez por todas, liberar el poder estatal del yugo empresarial y que este pueda ser orientada al mejoramiento de la vida de todos los latinoamericanos, con énfasis en los peruanos.

 

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