Apellido fino y requintado, muchos hablan de su honestidad y de que es buena gente; no tengo por qué dudarlo, pero sus destempladas declaraciones y provocativos tweets, en mi criterio lo bajaron de nivel. Ahora ya como Premier reconoce errores y extiende una ramita de olivo, aprovechando los días de Semana Santa. Hace bien, necesita el voto de confianza y es muy posible que se lo otorguen. Pero debe prepararse para lo que se viene después de julio (cuando ya no se podrá disolver el actual Congreso), si se olvida de sus promesas y regresa al estilo confrontacional.
“Serenidad de parte y parte” proclaman a los cuatro vientos; no es lo usual en los previos de una campaña electoral; ahí se sacan precisamente las afiladas lenguas y armas de la polémica, para marcar las diferencias y el terreno. Cada quién busca agua para su molino y rebusca en los trapos sucios del adversario: eso pasa acá y en otras partes. No somos suizos ni finlandeses.
Por el bien del país, de sus ciudadanos y su alicaída economía, debe pasarse la página y mirar hacia adelante. Enterremos el hacha de guerra, arremanguémonos la camisa y sigamos trabajando duro y parejo. Sólo los necios y miopes políticos harán lo contrario.