En tiempos posmodernos, pocos hechos coexisten entre sí sin ser sujetos a discusión. Un caso, considero que es cómo la limitación de espacios físicos ha hecho que los espacios digitales den luz a nuevas plataformas. Tal como Zoom, Google Meet, Hangout, y otras. WhatsApp tampoco se quedó atrás y ahora permite crear salas; lo mismo con Messenger. Pues, la pandemia ha echado raíces en el uso de las redes sociales. Aunque su aumento data de años atrás. En un plano patente, las redes sociales traen beneficios variados. Son un canal casi ilimitado de información, una nueva vía de participación ciudadana, un medio de entretenimiento, generan nuevos puestos de trabajo, permiten la comunicación inmediata, entre otras. De todos modos, quisiera rescatar la última mencionada y asociarla a un aspecto más sutil. Desde del plano latente, las redes sociales tienen consecuencias poco palpables y difíciles de delimitar. Uno de los principales, la diferente representación mental que las nuevas generaciones tienen sobre los territorios. En estos tiempos todo es cerca. Por ejemplo, de Lima a París existen 10 248 kilómetros, que quedan cubiertos por un vuelo sin escalas en 12 horas 35 minutos. Que equipara en un día común a las 8 horas de sueño recomendadas, el desayuno, limpiar el cuarto y una ducha. O sino, 4 días de tráfico en Lima, promediando 3 horas para cada uno. Ahora, eso no quiere decir que la distancia física de Lima con la capital del amor sea más corta. Los 10 248 kilómetros y el mar por atravesar siguen intactos. Resulta que París no está cerca. Es cerca. Bauman previó con especial lucidez las consecuencias latentes de la nueva modernidad líquida, inmediata e interconectada. Cuando él habla del cambio en la representación mental o el mapa cognitivo, explica que para las nuevas generaciones la relación espacio - tiempo es distinta. Por cuestiones como el ejemplo del párrafo anterior. El sociólogo judío enfoca en que la inmigración y los fenómenos multiculturales serían cada vez más comunes. A la par que la frontera del espacio territorial sería desbordada por el mapa cognitivo de los más chicos.
Dejando atrás el empeño y el principio defensivo de los territorios. Lo expuesto, finalmente no habla de otra cosa que la relación Estado - Nación. Un tema abordado en los últimos meses desde el precepto de soberanía con el Tratado de Escazú, la crítica a entidades supranacionales, y las teorías (de repente no tan) conspirativas sobre el futuro y los gobiernos internacionales o mundiales. Cuando se pide una opinión explícita, es difícil encontrar a alguien que abiertamente diga estar en contra de la soberanía nacional. Pero, en un mundo donde una brújula de la ciencia es disminuir los tiempos, hacer todo más veloz e interconectar el mundo, valdría la pena preguntarse si es un destino inevitable. Si estamos viviendo un fenómeno zoom en el esquema cognitivo de cómo vemos el mundo. También, sería sensato preguntarse si se puede evitar tal temido futuro sin tener un Estado descaradamente intervencionista, como en países que regulan el uso de redes sociales pero no son un modelo ideal a copiar.