Punto de Encuentro

Globalizar la solidaridad

Por Antero Flores-Araoz

No es ningún secreto, que tanto países desarrollados, como en proceso de desarrollo y, peor aun los países pobres, no estaban totalmente preparados para enfrentar ni la emergencia sanitaria por el COVID 19, como tampoco las consecuencias económicas de ella.
Por más que se puedan tener presupuestados recursos para contingencias, ellos tienen límites, ni se pueden estirar como elástico, como tampoco son eternos, de allí la necesidad de contraer endeudamiento para tener la liquidez indispensable, a fin de atender las nuevas obligaciones sociales, de millones de personas que han caído en el desempleo y que en alguna medida incrementan la pobreza y pobreza extrema.
A mayor abundamiento, debido a la recesión que ya está afectando a gran parte del mundo, tiene que cumplirse con las obligaciones regulares y permanentes de los Estados, como son el pago de la planilla pública, las de salud y educación, seguridad a través de Fuerzas Armadas y Policiales, sin olvidar la operación y mantenimiento de la infraestructura, léase carreteras, puertos, aeropuertos, escuelas y establecimientos de salud, entre otros.
Es obvio que no hay recursos suficientes para nueva inversión pública, pero tampoco lo hay para el gasto corriente, pues la reducción del aparato productivo empresarial de los países, ocasionará la disminución de la recaudación tributaria.
Algunos países, probablemente recurrirán a la socorrida, pero nociva práctica, de emisión monetaria sin respaldo, lo que inexorablemente lleva a la inflación que, como está probado es el más negativo tributo que pagan los ciudadanos. Por lo demás, ello también acarrea ascenso “sin techo” de los precios de los bienes y servicios, sin olvidar las colas por las carencias que también originan medidas populistas pero irracionales, como el control de precios y otras “obscenidades” económicas.
Ello lleva a la necesidad de tocar puertas a las entidades de crédito internacional para recibir préstamos a intereses preferenciales y a largos plazos. Las entidades a las que me refiero, como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y hasta el Fondo Monetario Internacional, prestan para fomentar el desarrollo e incluso la ejecución de la obra pública. En el caso que tratamos se necesitan créditos hasta para el gasto corriente, lo cual no es usual, por lo cual, las entidades de crédito a las que nos referimos, tendrán que adecuar sus normas, protocolos y políticas crediticias a la nueva situación que se vive, pues de lo contrario, el colapso será global.
Adicionalmente se requerirá, que los países con más recursos y menos afectados económicamente en estos tiempos complicadísimos, hagan su esfuerzo para globalizar la solidaridad, pues en caso contrario, hay pueblos que perecerán por hambre y este, es pésimo consejero.  Ello obliga a realizar sinergias de los países acaudalados con las entidades financieras a nivel mundial o regional y, además, comprometer a las Naciones Unidas (ONU), que hasta ahora está ausente en este drama global. 
Si el objetivo más sustantivo de las Naciones Unidas es prevenir conflictos armados y búsqueda de la paz, tiene que intervenir en estos temas, pues la pobreza y el hambre son semilla de conflictos y violencia.

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