El Gueto de Varsovia

Por Roberto Rendón Vásquez.

Hay hechos en la historia humana que ninguna generación debe olvidar. Hace 80 años, en octubre y noviembre de 1940, los nazis fascistas alemanes produjeron el Holocausto de Varsovia donde desde el inicio de la Segunda Guerra Mundial en el Gueto sacrificaron cruelmente a más de 400.000 judíos y polacos. Alemania en septiembre de 1939 invadió Polonia para anexársela y el ejército polaco se rindió el 6 de octubre de ese año. 

El Gueto de Varsovia fue ubicado en los barrios de Muranów, Powązki, Nowolipki, Śródmieście Północne y Mirów de la capital polaca. Fue el mayor que Alemania estableció en Europa donde se encerró a los judíos no solo polacos sino los deportados de Alemania y otros países invadidos por los nazis. De ese Gueto los enviaban a Treblika (que estaba a 4 kilómetros de Varsovia) y otros centros de exterminio. Muchos prisioneros lograron suicidarse. Duro 3 años durante el cual el hambre, las enfermedades, el hacinamiento y los envíos a campos de exterminio redujo la población a aproximadamente 50.000 personas, hasta que entre abril y mayo de 1943 esa población se levantó contra el ejército opresor; fue el primero contra el ejército nazi.

Para demostrar la crueldad alemana se señala que la policía debía detener cada día 6000 judíos y llevarlos a Umschlagplatz en la vía férrea de Transfertelle. En caso de incumplimiento, los alemanes fusilaban a cientos de rehenes. Su inhumanidad y la crueldad que los alemanes de entonces ocasionaban a los países que invadían produjo la muerte inmisericorde de millones de personas en Polonia, la Unión Soviética, Checoeslovaquia y otros pueblos. Destruyeron ciudades integras y se apoderaron de bienes que llevaron a su Alemania.
Estando en Varsovia en agosto de 1962 como delegado de las organizaciones juveniles peruanas al Congreso Mundial de Juventudes Democráticas, pedí ir al “Getto Warszawskie” (en idioma polaco) que estaba en un barrio de la ciudad. El lugar estaba exactamente igual a como quedo al término de la Guerra Mundial. Pase un momento largo para conocerlo y observe vestigios del lugar que trasmitían el terrible hacinamiento como sobrevivían los prisioneros. No puedo olvidar un hecho conmovedor: el chofer que me transportó al llegar al Gueto rompió en un incontenible llanto: sus padres habían sido muertos cruelmente por sus opresores alemanes.
De entonces, nadie olvida todo ello. Las generaciones siguientes deben conocerlo y reflexionar. No es posible admitir guerras entre los pueblos.    
 

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