Punto de Encuentro

Entre la libertad y el control

Por Antero Flores-Araoz

Con el título de esta columna, nos referimos a la denominada “Economía Social de Mercado” (ESM), sistema económico que fue adoptado en nuestra Constitución de 1979, la que en su artículo 115 estableció que “La iniciativa privada es libre. Se ejerce en una economía social de mercado” y agrega que “El Estado estimula y reglamenta su ejercicio para armonizarlo con el interés social”.
En la Constitución que nos rige, que es la de 1993 y que sustituyó a la de 1979, su artículo 58 aclara aún más el significado de la ESM, al establecer que “Bajo este régimen, el Estado orienta el desarrollo del país y actúa principalmente en las áreas de promoción de empleo, salud, educación, seguridad, servicios públicos e infraestructura”.
La incorporación de la ESM a nivel constitucional, fue lograda a iniciativa de los social cristianos en la Asamblea Constituyente de 1978 concertadamente con el PAP y otras agrupaciones políticas que integraron dicha Asamblea. En el Congreso Constituyente Democrático (CCD) de 1992 se ratificó lo ya determinado en la Constitución de 1979, explicitándose aún mejor el texto primigenio.
El rango constitucional de la ESM se nutrió del pensamiento económico de la Alemania Federal, posterior a la Segunda Guerra Mundial, en que siguiéndose el genio conceptual de Alfred Muller Armack, la llevó a la práctica con significativo éxito Ludwig Erhard.
Antes de que existiese la ESM, la actividad económica estaba alojada en dos ópticas diametralmente distintas, por un lado la de los países llamados “libres” de occidente, que propugnaban el liberalismo absoluto y por otro lado la economía centralmente dirigida y controlada por el Estado, que practicaban los países de detrás de la “Cortina de Hierro”, esto es los países comunistas, y aunque con muchísimos menos controles y dirigismos por países del norte de Europa inmersos en el modelo de la Social Democracia.
La exitosa aplicación de la ESM en la Alemania Occidental llevó a que muchos otros países, como el Perú, la adoptasen, aunque algunos como nosotros, aún tímidamente. No se podía seguir en los extremos sea de la economía liberal, con absoluta libertad económica y en que el papel del Estado era de mero observador, respecto a la economía centralmente dirigida y absolutamente controlada, en que el Estado era su gran artífice.  Por un lado había libertad absoluta y, por el otro control absoluto.
Alfred Muller señaló que “la esencia de la ESM consiste en combinar el principio de libertad en el mercado con la compensación social”, buscando lógicamente la equidad y que todos se puedan beneficiar del desarrollo económico.
El modelo económico al que nos referimos es desconcentrado, con libre iniciativa privada, siendo el rol del Estado el de la regulación y supervigilancia.  Priman las reglas del mercado, pero cuando se desequilibra, el Estado tiene la función de poner orden, respetando el principio de subsidiaridad.
Desde hacen varias décadas se menciona que la iniciativa privada debe ser lo más amplia posible, y la intervención del Estado solo cuando sea indispensable.  Ese es el camino que aún nos falta por recorrer.

NOTICIAS MAS LEIDAS