Una promesa de campaña electoral del señor Pedro Castillo fue el ingreso libre a las universidades, según su discurso para imitar algunos casos sudamericanos. Su excandidata del congreso, Zaira Arias, exigía a cada momento que esa promesa de campaña fuera cumplida, incluso hizo referencias al caso mexicano y brasileño, cuando no es real que en estos países no se aplique un examen de admisión. En Brasil, el examen es de carácter nacional y se llama ENEM, el cual abarca todas las materias, destacándose el examen de redacción; es una prueba que dura dos días donde quienes alcanzan un puntaje aprobatorio pueden buscar o elegir en qué universidades desean estudiar.
A pesar de ser desmentida, Zaira siguió con su mentira y, fiel a su estilo de hacer política demagógica, el señor Castillo ha retomado el tema. Primero afirmó que el ingreso a las universidades será libre y ahora ha tenido que decir que será gradual. Pero… ¿Cómo se puede lograr un ingreso libre a las universidades públicas? ¿Se tiene la infraestructura y la plana docente para responder a tamaño despropósito? ¿Dónde queda la meritocracia y los esfuerzos que realizan cada uno de los postulantes? Y lo peor aún… ¿Dónde está la Sunedu? ¿Por qué si son los llamados a preservar la calidad educativa, no han dicho nada? Ni una opinión técnica, ninguna enmendadura de plana. Al parecer resulta real la información; que más que un espacio técnico que busca la calidad académica es un brazo político del régimen de turno.
Hace unas semanas se ha publicado un estudio sobre los resultados del ENAM (Examen Nacional de Medicina) entre los años 2009 y 2019: el 31,1% de desaprobados provenían de universidades públicas y el 33,9 de universidades privadas, siendo la Universidad César Vallejo la que presentó el mayor número de desaprobados ¿Cómo logró esta universidad su licenciamiento si no puede brindar una educación de calidad a sus alumnos? No olvidemos que es la universidad donde el señor Castillo y su esposa han obtenido su maestría. Peor aún… ¿cómo pretende el señor Castillo, con las pésimas condiciones materiales de muchas universidades públicas, aumentar el número de ingresantes? ¿Se busca la calidad académica o la perversión de los mínimos avances que se han logrado en estos últimos años? No es de extrañar el silencio de la Sunedu. Ya en un anterior artículo cuestionamos que no se preocupará por la especialización de los profesores, a quienes les permite realizar maestrías en cualquier carrera, solo con la idea de cumplir el requisito para ser docente, más no busca la competitividad académica y esto va de la mano, sin duda, de los requisitos que ha impuesto Concytec en los últimos meses para lograr la nominación de profesor- investigador.
Los investigadores, para ser incluidos en esta categoría, tienen que publicar en revistas que se encuentren indexadas en Scopus. Sin embargo, hay un hecho curioso en el Perú: no existe ninguna revista, sea de historia, arqueología o antropología, que se encuentre indexada en este espacio. Es decir, el propio Estado peruano ha colocado vallas muy altas para los humanistas. Y no es que sea algo negativo, por el contrario, es positivo que se busque la calidad y mejoras de las investigaciones, pero… ¿Cómo realizarán los profesores investigaciones de calidad, si su nivel de carga académica aumenta con un ingreso mayor de alumnos? ¿Por qué Sunedu y Concytec no aterrizan sobre la realidad de los investigadores peruanos y reducen esos niveles? Por ejemplo, solo en el caso de Historia existen 57 revistas indexadas en Scopus, de las cuales 16 son brasileñas, 13 colombianas, 12 chilenas, 8 mexicanas y 8 argentinas.
Por otro lado, el porcentaje de profesores investigadores no es tan extenso, en el caso de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional Federico Villarreal, del total de profesores de planta, ni siquiera el 15% tiene la categoría de profesor-investigador. Una presencia baja y con los nuevos estándares este porcentaje se reducirá en el futuro.
Es conocido que la apuesta por la investigación y el apoyo en términos económicos en el Perú es reducida. Muchos profesores deben trabajar en dos o tres universidades privadas. También se conoce que el salario en las universidades públicas es inferior al de las privadas. Sin duda, el señor Castillo vive en un mundo paralelo y hasta cierto punto es normal que sea así, pero un ente del Estado como la Sunedu, sí conoce esta realidad, lo mismo que Concytec. Sin embargo, es evidente que calidad académica es lo último que importa, mucho menos cumplir ciertas reglas, porque es curioso que la ley universitaria cese a los profesores de 75 años, pero que nuestro jefe de Sunedu tenga más de 80 años y no pase nada ¿Solo él tiene derecho a trabajar? Es obvio que existe un encubrimiento de determinados sectores a estos hechos, quizás porque reciben generosos apoyos económicos a través de las consultorías (que casi siempre las realizan las mismas instituciones), o el programa beca 18, cuando el apoyo debería dirigirse a las universidades públicas y claro a universidades privadas de calidad, que, sin duda, existen y realizan un excelente trabajo de formación académica. Una vez más la Sunedu nos miente con su reforma educativa, una vez más demuestra que la calidad académica no es su prioridad.