Punto de Encuentro

Los diversos mensajes de la regulación tarifaria eléctrica

Importancia de la competencia y divorcio con las teorías primigenias

César Gutiérrez

Acaba de ponerse en vigencia a partir del 01 de mayo y por los próximos 12 meses, la regulación tarifaria del costo de electricidad (resolución Osinergmin 077-2022-OS/CD), de la cual, los medios de comunicación se centran en difundir solo la variación al consumidor final, más aún cuando se produce un incremento, como en este caso que a nivel domiciliario será del orden 2.72%. No se desarrolla en absoluto la multiplicidad de mensajes que trae los documentos emitidos por el regulador, debido a su alta complejidad técnica, que no permite ser entendida a cabalidad por los periodistas a cargo de las secciones económicas. Además, la información es copiosa, 6 páginas de la resolución y 294 del informe técnico que la justifica.

La primera reflexión es que el mercado funciona y que la competencia es la que define las tarifas. Me explico, originalmente (año 1992) se establecía un cálculo teórico a cargo del regulador, con una visión a futuro a 4 años (luego se acotó a 2 años) de la cobertura de la demanda por una oferta al mejor precio posible; así se definía la cotización de los productores (generadores). En las modificatorias introducidas en el 2006, se estableció que el precio de venta se definiera por competencia, lo que ha sido un éxito, hoy el 94% se define así y solo el 6% es calculado por Osinergmin, con factores de reajuste adecuados al mercado; por tanto, la discrecionalidad gubernamental es casi inexistente.

Un segundo punto para rescatar es la divergencia entre la realidad y la teoría. Si se compara el valor de la energía establecida por competencia con el cálculo teórico, éste último resulta ser el 51.4% del primero, lo que no causa preocupación de posible subvaluación porque son los derivados de la puja entre actores el que define lo que se cobra al consumidor.  Es hora de pensar en otras reglas regulatorias.

Como tercer punto a tener cuenta es el pronóstico de la variación de la demanda, la que está muy relacionada con la del PBI. Se proyectan los siguientes crecimientos: 3.5% para el 2002; para el 2023, la cifra es de 3.7% y 3.2% para el 2024. Está clarísimo que se esperan variaciones muy modestas del crecimiento económico, mucho tiene que ver las bajísimas expectativas de inversión privada, que representa el 80% de la inversión total.

Relacionado con lo anterior, tenemos un cuarto punto, se refiere a que el estimado que se tenía en el 2019, que la generación eficiente de energía, es decir aquella de bajo costo variable de producción, (hidroeléctricas, renovables y termoeléctricas a gas natural) no cubriría la demanda en el 2020. Con las cifras actuales, el pronóstico no será válido por lo menos hasta fines del 2024. El consumo proyectado para ese año es de 59,819 Gigavatioshora (GWh), mientras que la oferta eficiente con todas las declasificaciones que se pueden aplicar será de 61,846 GWh. La excedencia todavía alcanza para un crecimiento anual de 3.4% para el 2025. Pésimo mensaje para la inversión en generación eléctrica.

Finalmente, como quinto punto se tienen las causas del aumento del valor de generación (representa el 48% del costo del consumidor residencial), que ha sido de 10.5%, entre mayo y abril de este año. El 3.5% se justifica por el incremento de costo de infraestructura y 7.0% por el gas natural. Sobre este tema es pertinente resaltar el oportuno cambio de fórmula de reajuste de este energético en el año 2006, atándolo a la inflación americana sin energía ni alimentos, en lugar de relacionarlo al precio de los petróleos residuales que se fijó en el año 2001. Mientras aquí el cambio ha sido de 7% en el mercado internacional relevante de Louisiana (Henry Hub), entre el 04 de abril y el 04 de mayo de este año, el gas se incrementó en 45.1%.

En resumen, hay información diversa que vale la pena analizar.

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