Punto de Encuentro

La composición de la Asamblea Constituyente

Cuando gran parte de la izquierda marxista peruana impulsa la idea de una Asamblea Constituyente, lo hace para cambiar de sistema político, no para construir en consenso un nuevo pacto político que nos permita avanzar como nación. Partiendo de esa premisa, podemos afirmar que su convocatoria sería un instrumento para aniquilar la democracia representativa, recogiendo el esquema fascista de “democracia corporativa”, usada en la Italia de Mussolini y en la Alemania de Hitler. Y es que el permitir que los ciudadanos se expresen mediante el sufragio, eligiendo a los candidatos de su preferencia, dentro un sistema plural de partidos políticos, es lo último que podrían querer quienes están convencidos de tener la verdad exclusiva y excluyente, y aspiran a convertir a su partido en la “vanguardia de la clase trabajadora” y como tal, en el partido único.

De 130 miembros, tan solo el 40% sería elegido, de acuerdo a las propuestas que presenten las agrupaciones políticas registradas en el JNE; la mayoría, el 60% sería cooptada, de una manera o de otra, por el partido de gobierno y el entorno presidencial. Ya sabemos que las candidaturas independientes, copiadas de la Convención chilena, suprimen cualquier posibilidad de que personalidades de cierto prestigio venzan a los personajes estrafalarios y aventureros que, aupados por la turba, se lancen a la conquista de esos cupos en el más importante espacio de decisión política: la constituyente. De manera similar, los grupos sociales minoritarios como comunidades indígenas, sindicatos, movimientos estudiantiles, de transportistas informales, e inclusive emprendedores, tendrían la oportunidad de participar, siempre y cuando tengan cercanía o compromiso con el entorno presidencial, pues sería el Ejecutivo quien diseñaría las reglas para su designación.

Obviamente, a cualquier persona con raciocinio le parecerá la idea violatoria del principio de igualdad, pues algunos ciudadanos tendrían doble y hasta triple representación. Así, por ejemplo, el peruano Christian Cueva solo gozaría de la mitad de representación que Luis Advíncula, pues éste, además de poder votar por una agrupación política, teóricamente podría elegir a representantes por su etnia afrolatina. Situaciones como éstas, ridículas y racistas, deslegitimaron la Convención Constitucional chilena, y claro, también la falta de solidez académica y el predominio de la demagogia al interior de los debates hizo que el texto promueva la división de los chilenos, estableciendo una falsa república plurinacional, donde cada comunidad cultural se convierte en comunidad política autónoma, con sus propias leyes civiles, penales y comerciales, e incluso su propio aparato judicial. El texto pretende consagrar además un asambleísmo que viola el principio democrático de separación de poderes, supeditando las libertades a organismos estatales.

Las fuerzas democráticas, comprometidas con los principios y valores establecidos en la Constitución Histórica de nuestra patria, deberá defender a las futuras generaciones desde el ámbito político, el gremial, el universitario y en todo lugar donde el enemigo pretenda acumular poder.

 

NOTICIAS MAS LEIDAS