El canto de una semilla

Heme aquí

tratando de hundirme otra vez

en tí, vientre de madre

sagrada humedad,

y me recibes

a pesar de mi rosada dureza.

 

Me voy desnudando,

dejándome caer

allí́, en tu tierna negrura

y me quiebro lentamente

hasta dolerte y hacerte palpitar

luego, lo miro y trato de perseguir su luz

                        otra vez

hasta que su ocre destiña mi verde

y yo voy multiplicando

por uno

 por tres

 por cien mil…

 

Ahora soy

viejo mástil de palomas huérfanas

ahora, que también cobijo el amor acorazado

flameo y me estremezco

con el encrespado viento de la tarde

y mis hojas parecen crujir doradas melodías.

 

Mientras que a lo lejos

el horizonte se enternece,

y su rojo

refugia acurrucadas avecillas

ente mis ramas

que mecen en mí

sosegada libertad.

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