Punto de Encuentro

Investidura sí, pero con condiciones

27 Abril, 2015

Hugo Guerra

Hoy, lunes 27 de abril de 2015, puede pasar a la historia nacional como un día de triunfo democrático o de felonía autoritaria.

Pedro Cateriano, el flamante Primer Ministro del humalismo trasnochado, se presentará ante el Congreso para solicitar el voto de investidura que debería consagrar al último Gabinete de este desastroso gobierno, o lanzar al Perú a la aventura de un eventual cierre del Congreso dentro de la norma constitucional.

Pero eso, la votación en sí misma, no es lo fundamental. Hechos los número básicos es altamente probable que, efectivamente, el afanoso Premier émulo de Mario Vargas Llosa logre la investidura. Eso estará bien si se trata de reconocer la eficacia desplegada, porque sería mezquino no reconocer dos factores positivos de los afanes iniciales de Cateriano.

Primero, ha marcado aparente distancia de la luz verde de su amiga y jefa Nadine Heredia, cumpliendo con comportarse a la altura de sus antiguas credenciales democráticas y haciendo lo más elemental de un aprendiz de estadista: tragarse el sapo de sus odios viscerales para peregrinar en búsqueda de una agenda básica de gobernabilidad. 

Francamente eso ya me sorprende en alguien cuya lengua hasta hace muy poco cargaba más veneno que la de un reptil cada vez que se refería tanto al aprismo cuanto al fujimorismo.

Al inicio pensé que Pedro Cateriano sería incapaz de autocontrolarse, y hoy creo que se ha sublimado no por convicción porque es imposible que alguien como él reconozca la importancia objetiva (guste o aborrezca) de las dos fuerzas políticas más importantes del Perú. Pero es evidente que prima en su gestión el sentido de una responsabilidad que, de terminar exitosa, lo puede catapultar a una esfera política mayor como ocurrió con Felipe Suárez, por ejemplo, en la España inmediatamente post franquista.

Segundo, Cateriano, ha tenido el mérito en esta búsqueda de consensos de comportarse con una levedad intelectual propia de la poesía surrealista. Prácticamente no ha propuesto nada (o por lo menos guarda algo interesante para su discurso en el hemiciclo) y tampoco ha bosquejado una agenda que incomode a cualquiera. Casi se ha comportado como esos diplomáticos que por necesidad protocolar brindan y están bien en simultáneo con Dios y con el diablo. Y eso puede ‘estar bien’ si y solo sí es una estrategia para lograr la investidura y si debajo de tan melifluas formas no se esconde algún golpe sorpresivo.

Pero, hechos estos reconocimiento a la prudencia de Cateriano, la verdadera razón de la trascendencia de la jornada de hoy está en lo que debe exigir la oposición antes de darle la investidura. La lista no es muy larga pero sí crucial:


En lo democrático, Cateriano debe aceptar que su Gabinete es el de cierre o de salida del humalismo y que su gestión principal tiene que ser la preparación de elecciones generales impecables. Esto que parece una perogrullada ya suscita preocupación. Día tras día se multiplican las denuncias de la corrupción que toca las fibras matrices del gobierno, especialmente a través de Nadine Heredia y las reacciones de Humala, más allá de cualquier caballerosidad de esposo (recuérdese por ejemplo aquello de la ‘jauría’) hace recordar a Ferdinand Marcos el dictador filipino que trató de proteger a su amada Imelda hasta que se descubrió su épica corrupción simbolizada –entre otras cosas- en la huachafería de la mayor colección de zapatos del mundo. Aquí mismo Alberto Fujimori (a diferencia de Keiko) protagonizó persecuciones inverosímiles para distraer al país mientras Montesinos fugaba. De modo, pues, que Cateriano debe comprometerse a abrir las puertas a una fiscalización exhaustiva, sin prerrogativas cómplices para nadie. Si su amiga y jefa Heredia tiene que comparecer ante una comisión del Congreso o si debe ser sometida a orden de arraigo por la fiscalía, pues que el Ejecutivo no la blinde, como tampoco debe seguir apañando a la ex primer ministra Ana Jara en el sucio negociado de los pañales que, a final de cuentas, parecen haber sido parte evidente de los regalitos de la campaña electoral frustrada justamente de doña Nadine Heredia.

Si en esto, al igual que en otros casos de corrupción escandalosa (verbigracia el de Martín Belaunde Lossio) Pedro Cateriano honra la tradición noble de su propia estirpe, pues que el Congreso le de la investidura y que los proteja obligando – de ser indispensable- a que el comandante Humala de un paso al costado.

En lo programático, basta con que Cateriano se comprometa a no iniciar ninguna aventura nueva. El humalismo le ha hecho el peor daño al Perú al permitir que la ineptitud de sus funcionarios quiebren la línea de crecimiento sostenido que tanto nos costó desde 1990 en adelante. Hoy la economía está recesada, las mejores expectativas de crecimiento para el 2015 nos llevarían a un insuficiente 2,5%, el ambiente de negocios ya padece de una desconfianza estructural, mientras tanto el gobierno tolera hoy la extorsión del terrorismo antiminero en Tía María, como antes (con Ollanta Humala a la cabeza cuando era candidato) lo hizo en Conga. Por muchas credenciales académicas que exhiban hoy algunos ministros, lo cierto es que mientras al presidente “no le preocupe el crecimiento económico” y no entienda el comportamiento de los empresarios, no haya nada que este Gabinete pueda hacer. Su mejor contribución sería restablecer la autoridad de inmediato y ayudar a desbloquear la inversión y no ser obstáculo para pequeños y grandes inversionistas. Lo demás, como diría Borges, solo puede sonar a tango de arrabal.

Por tanto, si Cateriano es realista y no suelta proyectos protervos como el de Talara o el gasoducto sur, por ejemplo, que el Congreso lo invista y que lo proteja de las ideas erráticas del señor presidente.

Finalmente en lo social, Cateriano solo tiene que asumir un compromiso clave: pedir el estado de emergencia bajo estrictos cánones constitucionales para frenar la criminalidad y la inseguridad en un país que ya está técnicamente en el umbral de la narco - república. Asimismo, dentro de sus principios democráticos, el Primer Ministro debe impedir, con todo, que se siga maltratando a los comandos de Chavín de Huantar en la CIDH; y, de ninguna manera debe apoyar las posiciones beligerantes de un sector de asesores del humalismo en la compleja relación con Chile. Si Cateriano lo hace, atendiendo el clamor de un país que quiere paz, orden y libertad, se merece el apoyo mayor del Congreso.

Pero si hoy solo se le da la investidura por cálculo político esperando a que llegue agosto y no sea factible la disolución del Congreso, pues, en vez de que la jornada consolide la democracia, solo se daría un paso más en dirección al abismo autoritario.

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