
¿Y si Millet fuera tu hermana? ¿Qué ricas sus tetas no? ¿O si fuera tu mamá? ¿Qué bien se mueve eh? ¿O si fuera tu hija? ¿Tremendo polvo ah? Disculpen la procacidad de mis palabras pero si muchos pueden ver un video íntimo con emoción, quiero suponer que les es posible leer esta columna sin pudor. Ya todo el Perú sabe lo que pasó hace algunos días. Vale decir que circula en redes más información del video de la Figueroa que de los destapes de Oropeza. La modelo acaparó portadas, fue protagonista de titulares y tendencia Top en Twitter con la publicación de memes, festejos, críticas y defensas.
Un link llegó a mis manos con el subtítulo de "mira lo que es tendencia". Mientras veía lo que suponía era una de esas tantas jodas que circulan en la web, descubrí el rostro de una mujer conocida. Entré en pánico de inmediato. Sabía que era un video real, y poco a poco los nervios se convirtieron en rabia e indignación. No fue necesario verlo dos veces, no tenía derecho alguno. Dejé de pensar en mí, en mis culpas y centré mi mente en aquella mujer. Su desnudez e intimidad expuestas de la peor manera y sin reparo alguno. Quizá algunos en su lugar sentirían vergüenza, pero ésta, al menos para mí, llegó después.
Mi primera reacción fue pensar en los responsables. ¿Quién o quiénes podrían ser capaces de cometer semejante bajeza? Muchos, claro está, a veces me gana la ingenuidad. Por un lado, quien sustrajo o entregó el material; luego, quienes lo publicaron y finalmente, los que lo compartieron. Así es mi querido amigo jeropa, si por hacerte el bacán compartiste el video en alguna red social también eres parte de la cochinada. Así como algunas curiosas amigas que tampoco se quedaron atrás. Lo que pasó el fin de semana lució más como el fenecido eslogan de Defensa Civil, "tarea de todos". No hubo una sola conversación virtual o real que pasara el tema por alto.
Escuché por ahí que estas cosas pasan por el boom de las redes sociales. Mal haríamos en culpar a la tecnología del escándalo expuesto. No olvidemos que detrás de una publicación hay una persona pensando, digitando y tomando decisiones. Son ellos los que me causan temor, son sus acciones las que deberían dar vergüenza. ¿Con qué derecho, una o más páginas de mal aspecto de Facebook publican un video que pertenece al ámbito privado de una persona? ¿Quién autorizo o dio permiso de poner una escena sexual a vista y paciencia de todo el mundo? ¿Cómo osan colgar de manera pública un contenido que mancilla el honor de una persona?
El accionar de un delincuente o ciberdelincuente debe ser siempre condenado pero, ¿qué pasa con el resto? Comparto algunas frases, abominables todas, que escuché el fin de semana: "Bien hecho, eso le pasa por puta", "Que roche va a tener si siempre anda calata", "Debe estar feliz con tanta atención", "De hecho que es armado, lo que quiere es más plata". Es en este momento, en el repaso de aquellas frases, que siento absoluta vergüenza. No soy amiga de la modelo, no la conozco y tampoco tengo algún interés en defenderla. Simplemente me alarma y apena la soltura con la que juzgamos, la crueldad en nuestro trato y la indiferencia ante la desdicha del otro. ¿Tan difícil es comprender que Millet Figueroa es una víctima en todo esto?
Esta no es la primera vez que la modelo sufre la filtración de imágenes íntimas y, para meterle más leña al fuego, algunas webs han informado que existiría una segunda parte del tan polémico video. Pero eso no es todo. Hay quienes hablan de otros vídeos con otras bellas y jóvenes protagonistas. Que terrible vivir en un medio donde no se respeta la privacidad y la intimidad de las personas. Es necesario hacerle un alto a este tipo de delitos. Lamentablemente, la impunidad y el delincuente viven de la mano, y la legislación en el campo informático es blanda y confusa. Sólo queda denunciar y cruzar los dedos para que se haga justicia. ¿Y si algo como esto volviese a pasar? Sería bueno compartir menos y respetar más. No más vídeos de la vergüenza.