Punto de Encuentro

Gobernabilidad y presidencialismo en América Latina

Cuando a inicios del siglo XIX, comienzan a surgir los nuevos Estados latinoamericanos independientes, y con atisbos de regímenes republicanos en reemplazo de los virreinatos, se presentó la necesidad de mantener la Gobernabilidad, es decir, que los nuevos gobiernos tengan la capacidad de cumplir sus funciones y ejercer autoridad sobre los ciudadanos.

En América Latina transitamos de un régimen monárquico y absolutista, a incipientes regímenes republicanos con un notable presidencialismo caudillista militar y autoritario, que en la práctica solo representó un cambio de nomenclatura: de Virreyes a Presidentes caudillos, próceres de la independencia. Probablemente, la urgencia de conservar la Gobernabilidad y sin caer en la anarquía, devino en la aceptación pragmática de esta fase previa de presidencialismo caudillista, antes de llegar a un republicanismo con real separación de poderes y mayor ejercicio de la democracia.

Definitivamente, la conservación de la Gobernabilidad y el Presidencialismo como soporte de la misma, reforzaron este tipo de regímenes políticos en América Latina a fines del siglo XIX y en transcurso del siglo XX. La Gobernabilidad y el Presidencialismo autoritario se convirtieron en dos caras de la misma moneda, pero con una relación de dependencia y subordinación de la primera respecto al segundo.

A diferencia de Europa, donde predominan los regímenes parlamentarios o las monarquías constitucionales, en América Latina se han consolidado los regímenes presidencialistas, aunque con mayor control político de los Congresos y control constitucional de las Cortes o Tribunales Supremos. Ambos controles permiten una separación y balance de poderes, a los cuales habría que añadir mecanismos de participación ciudadana en la toma de decisiones políticas de sus gobiernos. Esta última es una tarea que aún sigue pendiente en América Latina.

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